JACQUES NERVAL

 

 

 

 

“Luces en la oscuridad”

 Descenso Temporal Hacia El Infierno

(Un poemario para ti)

 

 

 

Un poemario para ti.

Introducción.

 

Amar es un acto de entrega total, un viaje sin retorno hacia el corazón de otra persona. En las siguientes páginas, encontrarás poemas en diferentes estilos que se despliegan como un testimonio sincero y apasionado del amor que siento por ti. Estos versos son el resultado de una travesía emocional intensa, donde el amor y el dolor se entrelazan como hilos en una compleja trama de sentimientos. Cada soneto, elegía, oda y verso libre representa un fragmento de mi alma, una ofrenda dedicada a ti, quien fuiste y eres aún la musa que despertó en mí una creatividad insospechada y un caudal inagotable de ternura y pasión.

 

Una vez te dije que "conocerte fue lo más hermoso que me ha pasado en la vida", y así es: conocerte fue la experiencia más transformadora de mi vida. Desde el primer momento en que mis ojos se clavaron en ti, supe que mi existencia había cobrado un nuevo sentido. No solo encendiste en mí el fuego sagrado que Prometeo robó del Olimpo, despertando el amor, sino que también avivaste una chispa de inspiración que me llevó a escribirte como nunca antes lo había hecho. En tus ojos vi reflejada una belleza etérea, casi celestial, que me dejó perplejo y lleno de admiración. Tu sonrisa, tan dulce y delicada, se convirtió en la luz que iluminaba mis días, y tus palabras, en melodías que resonarán eternamente en el oído de mi corazón.

 

Sin embargo, junto a la dicha y la devoción que experimenté al conocerte, enfrenté también tu doloroso rechazo. A pesar de mi amor incondicional y de mis esfuerzos por conquistar tu corazón, decidiste seguir el camino del desdén, mostrándome que tu interés por mí era menos que nada, dejándome en una profunda melancolía.

 

¡Oh! Cuántas veces, sumido en la ansiedad que dejó tu desdén, he recurrido a Séneca y al estoicismo. Pero ni siquiera sus palabras han aliviado mis penas. Séneca decía: "Desdeñar significa tratar con desdén, esto es, con la indiferencia y el desapego que denotan menosprecio; por tanto, el menosprecio no supone en absoluto abandono, sino solo alejamiento o falta de interés desmedido." Ya ni siquiera el estoicismo me sirve de paliativo para aliviar el dolor.

 

Este rechazo fue un golpe devastador, una herida que se ha negado a cicatrizar con el paso del tiempo. A través de mis poemas, he intentado procesar y mitigar este sufrimiento, darle voz a la tristeza que me embargó y al desconsuelo que sentí al verte partir sin siquiera poder decirte adiós y cerrar mi historia de una manera correcta.

 

La tristeza se convirtió en mi compañera constante, envolviéndome en una oscuridad que parecía inquebrantable. La ansiedad y la terrible depresión se apoderaron de mi ser, sumiéndome en un abismo del cual creí que nunca saldría. Pero a pesar de todo, el amor que sentía por ti seguía vivo, latiendo con fuerza en cada palabra que escribía. Escribir estos poemas fue mi forma de sobrevivir, de mantenerme a flote en medio de la tormenta emocional que me asolaba.

 

Este poemario es, en esencia, una carta de amor a ti, una declaración de lo que significaste para mí y de cómo tu presencia marcó mi vida para siempre. Cada prosa, cada poema es una pieza de un rompecabezas emocional, una representación de los momentos felices que sentí mientras aún podía hablar contigo, así como de los días oscuros que siguieron a tu partida. En sus páginas, encontrarás reflejada tu belleza sin igual, la pureza de tu ser y la intensidad del amor que te profeso. Pero también, en mayor medida, hallarás el eco de mi tristeza, el peso de mi angustia y la sombra del dolor que dejó tu ausencia.

 

Al compilar estos poemas, mi intención es compartir contigo la historia de un amor verdadero, con todas sus luces y sus sombras. Espero que, si algún día puedes leerlos, sientas la profundidad de mis emociones y comprendas el impacto que tuviste en mi vida. Que estos versos te sirvan, en algún momento de tu vida, como un halago de mí hacia ti y un consuelo cuando, por alguna razón, no te sientas lo suficientemente amada. Mientras que, a mí, me sirven de inspiración y de recordatorio de que el amor, aunque a veces doloroso, siempre vale la pena ser vivido y expresado, aun sabiendo de antemano que serás rechazado.

 

Una observación a los poemas.

 

Con respecto a los poemas, los que te escribo son, en algunos casos, fragmentos de poemas que leí en mi adolescencia, y que ahora, al puro estilo de Mary Shelley, construyo con esas partes mi Frankenstein poético; el resto, de autoría mía, sigue el estilo clásico de la libre poesía universal.

 

Crear un "Frankenstein poético" combinando fragmentos de poemas leídos en mi adolescencia con mi propia voz poética es una forma fascinante de honrar la influencia de los escritores que me inspiran mientras desarrollo, busco y persigo mi estilo único y original. Al igual que Mary Shelley, quien construyó su obra maestra a partir de diversas fuentes literarias y científicas, mi "Frankenstein poético", como llamo a algunos de mis poemas, se convierte en una expresión original que fusiona el legado de mis lecturas pasadas con mi creatividad presente.

 

Mantener un estilo clásico en mis propios versos, mientras incorporo estos fragmentos, trata de agregar una capa de profundidad y continuidad a mi obra. La tradición literaria se entrelaza con mi voz personal, creando una síntesis única que refleja mi trayectoria como lector y ahora, por ti, como poeta.

 

Explorar esta dualidad entre lo heredado y lo propio, lo familiar y lo nuevo, es una parte emocionante del proceso creativo. Mi "Frankenstein poético" se convierte en una manifestación de mi relación con la literatura y la poesía, una exploración de la influencia y la originalidad en la creación artística que tú propiamente has despertado en mí.

 

Así que, amada mía, te invito a sumergirte en estas páginas elaboradas para ti. Aunque halles en la mayoría de ellas un cendal de tristezas que, cual velos vaporosos, gravitan entre la melancolía y la desesperación, están elaboradas con todo mi amor y respeto para ti. Porque quien te piensa y quien te escribe, aun cuando mi alma me atormenta, encuentra consuelo en dedicarte mis más limpios y recatados pensamientos, expresados en estas palabras. Y si puedes, interpreta todo esto como una forma de insistencia a que dirijas tu mirada hacia mí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poesías de Amor, Retratadas por un Corazón Enamorado.

“Las puertas del infierno visten de una belleza sublime.”

 

 

 

Destello inalcanzable

 

Bella eres, semblante de rosa,

despliegas tu belleza en el cabello,

ocultando en los hombros y en el cuello,

una hermosura, múltiple y dichosa.

 

¡Oh, amada! Reyna airosa!

Del ademán y del lenguaje bello

¿Por qué derramas, dime, en el destello

de tus pupilas, frialdad de diosa?

 

¡Qué elástica al andar!¡Ritmo alado!

Tus manos son de esmalte sonrosado,

dios ha puesto eternidad en ellas.

 

Amada, eres un cristal con velos,

como tu amistad extraña y tus recelos;

e inalcanzable, como las estrellas.

 

 

 

 

Belleza serena

 

 

En el cielo despejado y de estrellas lleno,

tu semblante amable, delicada y ligera,

y como signo zodiacal fulgiendo estuviera,

gravitan en el infinito espacio sereno.

 

Eres una obra, digna de un artífice heleno,

un sueño feliz que mi corazón espera.

Destacas tus curvas a manera,

de una dama que luce descotado su seno.

 

Eres bella, ataviada de un acendrado encanto,

por ti mis versos trastocan el desencanto,

en la que mis palabras pierden la vida,

 

Porque eres pura, resplandeciente y leve,

como un rayo de luna reflejándose en la nieve.

Y porque eres mi inspiración preferida.

 

 

 

 

Himno de amor canoro

 

 

Yo sé un himno extraño y sonoro,

que anuncia en la noche del cielo una estrella,

y estas letras son de ese himno canoro,

¡Amor que suspira la luna por ella!

 

Quisiera describirte ese mágico sonido,

música que gravita en el pentagrama del viento,

armonía que insufla a un mismo tiempo,

suspiro y risas, tristeza y gemido.

 

En vano es intentar explicar con palabras,

este sentimiento y apenas ¡Oh, hermosa!

Si mirando el fulgor de tus ojos dichosa,

 

y teniendo entre mis manos las tuyas,

como el rumor del vaivén de las olas,

pudiera al oído, cantártelo a solas.

 

 

 

 

Meliflua expresión castellana

 

 

Hallo dulce tu expresión castellana,

que remoza el discurrir de mi idea;

veo en el fulgir de tus ojos que centellea,

rayos de sol luminiscente por la mañana.

 

Hallo dulce tu mirada galana,

cual la miel griega, tan dulce hiblea;

puedo oír en tu voz que balbucea,

meliflua expresión castellana.

 

De la música tienes la armonía,

progresión de acordes que, en un grito,

tu voz condensa una suave melodía.

 

En tus sibilinos ojos hay algo fortuito,

que me inspira a escribirte poesía,

y dedicarte la vasta amplitud del infinito.

 

 

 

 

Gala de tu existencia ebúrnea

 

 

Bendita sea ¡Oh, amada tu pureza!

Y en el tiempo, eternamente lo sea;

pues dios en el cielo, en ti se recrea,

¡En tu adorable y extraterrena belleza!

 

Bendita sean tus virtudes, tu firmeza,

Que le hacen gala a tu existencia ebúrnea.

En tu belleza, hay un encanto que desea,

“Afrodita”, la diosa griega, celestial princesa.

 

¡Oh, amada! ¡Médula del alma mía!

De mi existencia, de la luz de mi razón,

te ofrezco cada bendecido día.

 

Te ofrezco mi alma, mi vida, mi corazón,

no permitas que muera en desdicha y agonía,
al hallarme sin ti, sumido en la aflicción.

 

 

 

 

Resplandor y esperanza

 

 

Tu carita es el pétalo de las flores,

tu voz, de los cisnes la armonía,

tu mirada, el resplandor del día,

tu aroma, perfume de los albores.

 

De mi prosa tienes los favores,

de mis liras y de mi poesía,

le das a mis odas la simetría,

inspirando cada frase tus amores.

 

Tú das vida nueva y esperanza,

a un corazón que en el amor ha muerto;

tienes el don de insuflar la añoranza,

 

y romper el hielo de mi ensueño yerto.

Creces en mi vida como en el desierto,

brota la flor de la esperanza.

 

 

 

Rosa enamorada

 

 

Déjame ver tu risa enamorada,

que entre tus labios rojos juguetea.

Déjame ver tu sonrisa que centellea

Fulgurosa, en la oscuridad de mi mirada.

 

Déjame ver tu sonrisa pura y matizada,

que en tu pecho el contento se recrea.

Deja que toda mi alegría sea

aspirar tu fragancia de rosa perfumada.

 

Eres para mis ojos tan hermosa,

más que hermosa, tan querida;

envidia eres en el afecto de una diosa.

 

En tus labios una rosa miro prendida;

cuando toquen mis labios esa rosa,

entre tus pétalos dejaré mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

Sueños de amor y esperanza

 

 

Soñando con un beso de tu boca,

voy pasando las horas de mi vida.

Este embeleso que siento por ti querida,

me lleva a la locura, mi ansiedad toca.

 

Mis recuerdos, tu bella imagen evoca.

La ilusión que corre y me atormenta,

hasta en mis sueños mi pecho lamenta,

tu displicencia más dura que la roca.

 

Tu amor no quiere abrirme los brazos;

mi corazón se rompe en mil pedazos.

Pero sé que un día, de improviso,

 

mis ojos se verán en tu mirada;

me dirás: ¡Por siempre seré tu amada!

¡Y hallarás a mi lado un paraíso!

 

 

 

 

Inspiración huidiza

 

 

Quien me dijera: “Escribe una prosa”.

Mas, ¿quién me inspirará para escribirla?

¡Tú, amada mía! Y podrás oírla,

escribiré para ti una obra hermosa.

 

Mas, entre la noche oscura y temblorosa,

paso horas intentando conseguirla,

mis pensamientos en versos convertirla,

hacerla para ti, dulce y preciosa.

 

En el silencio opresivo, el tiempo pasa,

y no encuentro las palabras que prefiero,

frase a frase mi escritura se retrasa.

 

Sin la luz de las ideas, me desespero,

las horas me acorralan paso a paso;

y sólo dos palabras escribí: “Te quiero”.

 

Elogio a tu belleza

 

 

Del tipo helénico y del bizantino,

tiene tu atractivo algo peregrino.

De la Venus de Milo la grandeza,

Resaltas en tu cuerpo su belleza.

 

Y negros, por tus hombros caen bellos,

cual seda arácnea parecen tus cabellos.

Melodía en que armonizan mil voces varias,

tu expresión armoniza, cosas contrarias.

 

Eres arte que a mi gusto exquisito fascinas,

tú realzas mis letras haciéndolas divinas,

otorgándoles la belleza de una rimada lira.

 

Eres inspiración por quien mi alma suspira;

porque tu belleza impone el embeleso,

y mueve al deseo de robarte un beso.

 

 

 

 Soy aquél quien te ama

 

 

Soy quien persigue tu amor en este mundo salvaje,

mi lira lleva tu nombre, tu alma es mi ideal.

Mi verso no nace colgado de ningún ramaje,

mi verso viene de ti, de tu mirada matinal.

 

Cuando me siento abatido, triste y sin coraje,

tomo de ti a la musa, mi inspiración real.

Cuando duermo y sueño, hago el largo viaje,

en derredor de tu cuerpo, como un viento tropical.

 

La religión me viene de ti, ¡Amada, yo te adoro!

Del templo de mi corazón eres su tesoro,

y como diezmo te ofrezco, mil poemas de amor.

 

Tú estás en mi corazón en cada latido,

por ti soy poeta y aun hubiese sido,

Un poeta alegre; sin ti, soy un poeta, escribiéndole al dolor.

 

Anhelos y suspiros en el viento

 

 

Yo quisiera ser el aire que respiras,

en el amanecer de tu mirada;

transportar con el viento mis liras,

y cantarte mi aria apasionada.

 

Yo quisiera ser el jazmín que aspiras,

de la floresta y la alborada;

ser el aliento cálido que suspiras

cada mañana, ¡mi dulce amada!

 

Yo quisiera ser el alivio de tus penas,

la calma que frena tu loco frenesí.

Quisiera ser la sangre de tus venas,

 

que recorre cálido dentro de ti.

Yo quisiera ser el sueño que sueñas;

ese bello sueño que eres para mí.

 

 

 

 

Tu floreces en mis pensamientos

 

 

Maravillosa mujer, de bondad humana,

hoy florezcan en mis pensamientos,

un encomio a tus cualidades opulentos,

que a mi lira melodiosa engalana.

 

Si la gloria de tu amor me es lejana;

tu imagen en los claros firmamentos,

dibuje en las nubes los suaves vientos,

y me traiga tu recuerdo cada mañana.

 

¡Amada! Tu voz destroce mis sorderas;

la luz de tus ojos en mis liras venideras.

Y en la apretada radiación de un haz,

 

halle Inspiración mis versos triunfadores,

que anhelan buscar tus favores,

en la quietud de una azarosa paz.

 

 

Dos amores en mi corazón

 

 

Dos cosas.

Hay dos cosas que yo amo

Con todo el corazón;

Las flores y tú.

A las flores un día…

Y a ti amada mía,

¡Toda la vida!

 

En las flores encuentro

la fragancia del amor,

en cada pétalo se despliega la belleza

que rivaliza con tu dulzura,

pero solo tú,

con tu mirada profunda,

enciendes el fuego eterno

en mi corazón.

 

Y así como las flores

Necesitan de la luz del sol

Para despertar en primavera,

yo necesito la luz de tu amor,

que despierte en mí la alegría.

 

 

 

 

Es un cristal tu cuerpo y su hermosura

 

 

Es un cristal tu cuerpo y su hermosura,

en soledad mi alma la enamora,

cuando más fría está, vibra más pura,

que si la toca el aire se evapora.

 

Vivir quiero contigo,

gozar quiero de tu amor,

llevarte al cielo;

tú y yo, amándonos a solas,

sin testigos, libre del desamor, del celo,

libre del odio, la desesperanza y el recelo.

 

 

 

Primorosa

 

 amada mía,

te quiero porque eres un primor,

tan hermosa,

como una tierna flor.

 

De la exuberancia llevas

las verdes hojas,

y mucho de la belleza,

de las fucsias rojas.

 

Te recuerdo siempre,

por aquellos caminos,

loco de soles,

loco de trinos.

 

 Amada mía,

tu albor fecundo

le da la espalda a todas

las penas del mundo.

 

No le crees a nadie cuando habla,

de las tristes vidas ruines,

¿Cómo puedes entenderlas

entre nardos y jazmines?

 

¡Oh! Dale a mi triste existencia,

en sus hondas grietas,

un jardín de rosas,

de rojas piruetas.

 

Estoy triste sin ti,

he perdido la ventura,

siento cercano a mí,

la lúgubre sepultura.

 

Amada mía,

con tus miradas gloriosas,

derrama sobre mi sombría vida,

la sabia de tus rosas.

 

Rosas de alegría,

rosas de amor,

rosas de cariño,

que mitiguen mi dolor.

 

Amada mía,

te quiero porque eres un primor,

tan hermosa,

como la más tierna flor.

 

 

 

 

Amor en la vigilia

 

 

Yo, no solo he amado figuras inertes,

ni he entregado mi amor a estatuas sin vida;

yo te he amado a ti, querida,

a ti, carne viva y sensitiva.

 

Y te he amado, a través del doloroso tiempo,

con el dulce transcurrir de tus recuerdos.

Te he amado tanto, no solo en sueños,

sino también en la vigilia de mis pensamientos.

 

Te he amado tanto, y te amo,

no solo con el deseo, sino con el amor.

 

 

 

 

Resplandor de setiembre

 

 

Jamás el sol resplandeció tan radiante,

ni el cielo fue tan azul;

como aquella tarde de setiembre,

cuando me hablaste tú.

 

Me hallé entonces, lleno de dicha,

con los ojos llenos de emoción,

y las palabras en los labios

disimulando confusión.

 

Despedías un aroma suave,

cual perfume de azahar,

¡Oh, te veías tan hermosa!

como nunca lo pude imaginar.

 

El tiempo se ha deslizado suavemente,

¿A dónde? ¡No lo sé!

Pero aquella tarde de setiembre,

¡Siempre la recordaré!

 

 

 

 

Procuro tu cuidado

 

 

Yo sólo quiero,

darte listones

que adornen tu cabello,

rubor

para dar color a tu mejilla,

un collar luciente

para tu cuello;

baños que refresquen tu calor,

Y para tus labios

tengo algo mejor,

para ellos,

tengo ¡Amor!

 

 

 

 

Anhelo eterno

 

 

He aquí, amada mía,

anhelo estar contigo.

He aquí que cada día

te llevo siempre conmigo,

 

Eres un acopio de hermosura.

tu sonrisa, brillo del dorado oro,

tu voz, la meliflua dulzura,

de avecillas en cántico sonoro,

 

Tu interés por mí, es menos que liviano;

pero mi amor por ti es tan profundo.

Si pudieras darme tu mano,

capaz soy de darte el mundo.

 

Te ofrezco mi vida gloriosa,

de mi alma su existencia,

a cambio de tu mirada piadosa,

y la clave del amor que oculta tu ciencia.

 

Mis versos ruegan por tus afectos,

te piden solo un favor;

deja de lado mis defectos,

y concédeme la dicha de tu amor.

 

 

 

 

Sentimiento de amor

 

 

¡Amada mía! Sé que no comprendes

El porqué de mi amor,

¡Comprendo tu inquietud!

Pero no me preguntes eso.

Yo no te quiero…

querer es un deseo que implica

la posesión;

como quien ansía tener un objeto,

¡Yo no te quiero así!

¡Yo te amo!

Te amo con un sentimiento eterno

que anhela libertad.

Entonces, deja atrás tu inquietud

y no me preguntes la razón

de mi amor por ti.

Solo déjame demostrarte

lo que despiertas en mi corazón.

¡No me preguntes el motivo!

Sólo permíteme mostrarte

Que solo al pensar en ti,

¡Siento que respiro!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Amor de mi eternidad

 

 

Tu no sólo eres el amor de mi vida,

no, no lo eres.

Mi vida es demasiado corta

para contener lo que siento por ti.

Eres el amor de mi eternidad,

de mi universo, de mi tiempo y espacio.

¡No! No solo eres el amor de mi vida,

porque mi vida dejó de ser mía

desde aquel instante en que te dije...

¡TE AMO!

 

Eres el eco de mis pensamientos,

la luz que guía mis noches oscuras,

la melodía suave que acaricia mi alma.

No eres solo un capítulo en mi historia,

eres el libro entero, la trama infinita,

el verso eterno que nunca se desvanece.

 

En ti encontré el infinito,

en tus ojos, las estrellas que nunca mueren.

Eres el amor de mis sueños sin fin,

de mis despertares y mis anhelos.

No sólo eres el amor de mi vida,

eres el amor que trasciende el tiempo,

el latido que resuena más allá de lo efímero.

 

Eres la calma de mi tormenta,

mi refugio en medio del caos,

la certeza en un mundo de dudas.

No eres simplemente el amor de mi vida,

eres el amor de todas mis vidas,

de todas mis existencias y futuros.

 

Desde el momento en que te dije "te amo",

mi vida quedó prendada a la tuya,

y desde entonces navega en el vasto océano

de una eternidad compartida,

donde el tiempo no tiene límites

y el amor no conoce fin.

 

 

 

 

El beso anhelado

 

 

Debo confesarte amada mía,

que deseo con fervor un beso tuyo;

y aunque me robe la dicha

y el sosiego,

es el placer más grande

que mi ardiente corazón de fuego,

Anhela sentir.

 

Cuando toquen tus labios,

los míos,

sentiré que el placer

es eterno;

y sin duda será tu beso un paraíso,

por donde entraré,

al infierno tan temido.

 

 

 

 

Oda a tu nombre

 

 

Melifluo nombre que vibra y centellea;

Arte sonoro cuyo hermoso sonido,

Resuena cual música en mi oído.

Sonora melodía que habita en mi idea,

Himno glorioso que el poeta balbucea

Al ritmo de un coro litúrgico bendecido.

 

Misterioso nombre que se funde en melodía,

Alma sonora cuyo eco encanta el día,

Radiante fulgor que en mi mente se anida.

Secuencia de sonidos que danzan con alegría,

Hada que canta en la aurora con maestría,

Alabanza divina en el aire que se desliza.

 

Tu nombre conforma seis letras Maravillosas,

que a mi voz siempre vuelve Arrolladora;

tiene tu nombre algo de magia Reidora,

que, hechizando con algarabías Suntuosas,

enajena el oído con letras tan Hermosas

que, diluyéndose en el viento, el eco Atesora.

 

Oda a tu belleza

 

 

¡Que hermosa Maravilla!

Los dioses en el olimpo suspiran,

Embelesados cuando te miran,

Como expandes y como brilla;

La luz de tu belleza y a tal grado,

Que orgulloso está el dios que te ha creado.

 

En el cielo nocturno,

Tu luz iridiscente aparece,

Y como estrella que resplandece,

En el orbe taciturno,

Irradias tu etérea belleza,

Como la luna en su plena grandeza.

 

Los mortales en la tierra,

Al ver tanto imposible, suspiran,

¡Cuánto ademán!¡Cuanta galanura admiran!

Y como en una cifra que se encierra,

La musa de poetas y escultores,

Digna eres que capturen tus fulgores.

 

Tu gracia, tu fino porte,

Hace que hasta el mar en calma;

Como el hombre en la quietud de su alma,

Se agite furioso, pierda su norte,

Transportado a los confines,

Donde tu empírea belleza se define.

 

 

 

 

 

Oda a Marsha

 

¡Oh, dulce Marsha, resplandor del alba!

Ala de gorriones, símbolo puro del ideal amor,

sonrisa dorada, amabilidad extraña;

mujer digna de sacrificios,

dorado cofre de esperanzas,

nido tibio de ilusiones, yema fecunda de alegrías,

metal ideal para la coraza de un corazón inerme.

 

¡Marsha, mujer hermosa!

Cerebro, corazón, músculo de mi ser,

razón de mi vida, de toda mi existencia;

anhelo invicto y latente de mi corazón,

quinto elemento de la naturaleza.

Aire, fuego, tierra, agua y tú.

 

¡Oh, Marsha, suspiro del aura!

Sueño etéreo y superior,

dorado estigma de mi pensamiento infantil,

estímulo de fe y de vida fuerte;

impulso inverosímil,

radiante anhelo en el noctambulismo

de mi libre pensamiento.

 

¡Tú! Dulce y amada,

formas eucaristía en mi corazón excomulgado,

único sueño del que no quiero despertar.

¡Marsha, inspiración del cielo!

Cielo de mi alma viva,

alma de mi corazón,

amor inalcanzable,

deseo irrealizable.

 

Bendita y adorada seas,

por los ángeles que suspiran dicha

y los hombres de sano corazón y fuerte altruismo.

Bendita y adorada seas,

por aquellos hombres inocuos

que pretendan tus afectos.

 

Bendita y adorada seas,

por quien por ti derrame

siquiera una gota de lágrima.

Bendita y adorada seas,

en la tierra y en el cielo,

y en los pensamientos monásticos de mi corazón.

 

Bendita y adorada seas,

sí sobre los campos fértiles de mi poesía,

tu existencia, tu belleza,

guían mi bisoña inspiración al impertérrito

y cálido hogar que es tu corazón.

 

Bendita y adorada seas,

por el afecto de algún dios;

y mi corazón angustiado

alcance por algún juego del destino,

de tus brazos extendidos y tiernos,

la conmiseración;

sí sobre la tumba de mi esperanza caída,

o sobre los capiteles y epitafios de mi poesía,

hallo por tu desprecio, la muerte.

 

Más, aun así:

Bendita y adorada seas,

por mí, ahí desde el lejano limbo.

Bendita y adorada seas,

ahí, donde hay una conciencia limpia

y un respeto claro

que proviene de un corazón leal.

 

Bendita y adorada seas,

cuando en mi memoria te recuerde

y cuando mi alma en alas del viento

divague acongojada sobre esa torre

enormemente erguida

de tu inalcanzable corazón.

 

Bendita seas,

porque en tus besos deseados y ausentes,

está la sangre de mis versos,

sangre de mis venas y de mi ilusión,

la sangre que por ti derramaría

si la vida me pusiera esa prueba.

 

Bendita seas,

porque pensando en ti,

mis pensamientos se hacen más buenos

y más limpios cada día;

porque viendo en estas extrañas sensaciones

tu imagen celestial,

siento el beso de tus labios

con el roce de la más débil brisa.

Siento y saboreo tu melifluo beso de ninfa,

de náyade;

y siento también el afecto lejano

y el bienestar distante.

 

Bendita seas,

porque tú encarnas el ideal

sobre mi doctrina de vida,

porque tú eres el ideal mismo hecho pensamiento

y que viaja en el viento y reposa en mi corazón

bajo el cenit azul.

Porque eres ave, un espíritu de inspiración,

porque eres el anhelo de mi afectuoso corazón.

 

Porque eres música alada de Chocano,

rima glorificada de Bécquer,

poema humano de Vallejo,

albor y destello de Salaverry;

sublime parábola de Jesús…

 

Porque tú representas EL AMOR,

el afecto, el órgano vital,

la médula del alma,

la acción, el impulso, el motor, el símbolo;

la suave palabra, melodía canora,

la meliflua expresión del arte de nacer amada;

porque abriste nuevos caminos

en los laberínticos vericuetos de mi vida,

porque me diste la luz,

me inspiraste poesía y un motivo

para salir del claustro

donde voluntariamente me hallaba encerrado;

porque tu presencia llenó

el vacío de mi corazón y de mi alma.

 

Bendita seas,

porque pensando en ti

encontré otro significado a la palabra paz,

porque te has convertido

en la luz de mi destino,

porque eres alegría en mi tristeza,

eres franca luz, eres mi vida,

porque mi vida ya no es mía, sino, es de ti.

 

¡Oh, Marsha!

¡Resplandor del alba!

Bendita seas, en fin,

allí donde haya luz

y haya amor;

bendita seas por mi afecto,

mi anhelo,

mi amor y mi respeto.

 

 

 

 

 

Oda a Quien me Da el Consuelo

 

 

 

Dulce mujer amada,

Bella creación en el terrestre suelo,

Al fin ya quiere el cielo

Que, en tu gracia admirada,

Halle mis penas todo su consuelo.

 

En la vida que vivía,

Mi gran infortunio lamentaba,

La alegría anhelaba,

Mas no lo conseguía,

A pesar de que en vano lo buscaba.

 

Deprimido y ausente,

Padecí la dura mano de la suerte;

Entonces pedí a la muerte,

Que, en su turbia corriente,

Me arrastre, haga mi cuerpo inerte.

 

Así, mi alma afligida,

Vio negras angustias devorarme,

Una tras otra matarme.

Y mi voluntad perdida,

Nunca más logró encontrarme.

 

Mi corazón triste,

Víctima de indiferencia y tiranía,

Ya en el amor no confía,

Piensa que el amor no existe,

Y que nadie cambiará su suerte impía.

 

En tantas tribulaciones,

Fluctuó mi paz, perdida en la tormenta,

A desdenes siempre atenta;

Por crueles aflicciones,

Deseé la muerte en vez de mi vida violenta.

 

Hoy en ti me he refugiado,

¡Gloria del amor! En tu albo seno;

De luz y de bondad lleno,

Todo está depositado,

El bienestar y el sosiego sereno.

 

A tu lado irán muriendo,

Los recuerdos de mis amargas penas,

Romperé todas mis cadenas,

Y en libertad, queriendo,

Se disiparán hasta las tristezas ajenas.

 

Si yo, al menos pudiera,

Despertar el amor en tu corazón augusto,

Mi alma, con infinito gusto,

Por sentir que me quisieras,

Haría más de lo necesario y lo justo.

 

Sé que mi sendero errado,

Primero debe sentir el influjo poderoso,

Del cambio bondadoso,

Que insta de ser amado

En consonancia del anhelado reposo.

 

Sé que debo ser el primero,

En abrigar deseos de amor por mí mismo,

Pues, ¿No pasa de esnobismo

Imitar el afecto austero,

de quien resiste el sufrir con estoicismo?

 

Si por mí, amor sintiera,

Los tormentos y angustias en mi ser,

No me harían padecer;

Más, desconozco la manera

De amarme para tu amor merecer.

 

Tiene mucho misterio,

La psicología de la mente humana,

No sabemos si mañana,

En obscuro cautiverio,

Un desdén hará nuestra vida insana.

 

Hoy regreso a la vida,

Insuflada de esperanza en mi pecho,

El sendero ya bien hecho;

Y en la paz redimida,

Me inclino ante tu amor satisfecho.

 

Tú haces, mujer querida,

Que mi lúgubre existencia viva y respire,

Que de tu fragancia aspire,

Exhalaciones de vida

Que devuelve mi alegría y ya no expire.

 

¡Oh! Si tu amor consiguiera,

La felicidad de verte a mi lado ingente fuera,

No existiría manera

De sentir soledad siquiera,

En ningún episodio de adversidad derrotera.

 

Saldría por el mundo,

Brillantes luces del empíreo cielo santo;

Melodías de dulce canto,

Con sentimiento profundo,

La ovación de tu nombre en aliste encanto.

 

¡Oh! ¡Llegue, llegue ese día!

En que, entrelazado tu amor con el mío,

Se llene mi profundo vacío,

De sosiego y alegría,

Y acaben con todo el pesar impío.

 

Así, llegue el mañana,

El instante de todo mi anhelo,

Y veré que al fin ya quiso el cielo,

Que, en mujer tan humana,

Halló mis penas, todo su consuelo.

 

 

 

 

 

Permíteme verte siempre

 

 

¡Oh, amada mía!

Con cada vez que te veo,

nueva inspiración me das;

y cuando te miro más,

mirarte más deseo.

 

Tus ojos, como luceros brillan,

iluminando mi oscuro sendero,

tus labios, rojos cual rosas,

despiertan en mí un amor sincero.

 

Cada palabra tuya es un verso,

que mi corazón ansioso guarda,

eres la musa en mi universo,

la razón por la que mi alma arda.

 

Tu risa es melodía celestial,

que alegra mis días sombríos,

en tu mirada encuentro un caudal,

de sueños y anhelos míos.

 

Eres mi amor eterno,

eres mi sol, mi luna, mi estrella,

en tu amor quiero hallar mi camino,

y en tu ser, mi vida más bella.

 

 

 

 

Ángel de amor

 

 

¡Amada mía!

¡Ángel de amor!

¿No es cierto que, en una apartada orilla,

más pura la luna brilla

y se respira mejor?

 

Esa aurora que vaga llena,

de los sencillos olores,

que brota esa orilla amena,

esa agua límpida y serena,

que atraviesa sin temor,

la barca del pescador,

que espera encantado el día…

¿No es cierto amada mía,

que están respirando amor?

 

¡Poco a poco,

cederás al embrujo de mis palabras!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El amor en la introspección

 

Este amor eterno que siento por ti

nació en el silencio y en la soledad

de mi corazón.

 

Mi introspección es el refugio perfecto,

donde puedo gritar tu nombre

y erigir en mi ser

un espíritu libre.

 

Cuando mis palabras atavían tu nombre,

las consecuencias que de este clamor

se desprenden, son sublimes.

 

En lo insondable de mi silencio,

mis sentimientos van tomando forma,

del perfil de tus pensamientos.

 

Este amor que por ti florece

anida en un rincón de mi alma,

y así alcanza su máxima

perfección.

 

Los gritos de mi silencio

son los únicos que logran llegar efímeros

hasta tu conmiserado corazón.

 

Mi silencio, mi introspección, mi soledad…

¡Todas mis singularidades!

Sólo pueden comprenderlo en plenitud

quienes aman profundamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así te imaginé en mi pensamiento

 

 

Tanto tiempo te había imaginado

en mi pensamiento,

que cuando te conocí:

Eras todo cuanto te había

imaginado.

Con esas cualidades que te hacían

única y atractiva,

para mí.

 

 

 

 

Ilusión nocturna

 

 

Anoche mientras dormía,

soñé bendita ilusión,

que tu amor fluía,

dentro de mi corazón.

Dime: ¿Por qué escondida,

vienes hasta mí,

trayéndome nueva vida,

para no vivirla junto a ti?

 

Anoche mientras dormía,

soñé bendita ilusión,

que de tus labios sentía,

el dulce en mi corazón.

Y cual mistelas añejas,

iban fabricando en él,

con mis amarguras viejas,

agua ardiente con dulce miel.

 

Anoche mientras dormía,

soñé bendita ilusión,

que tus bellos ojos lucían

dentro de mi corazón.

Y eran bellos porque daban,

sentimientos de admiración,

y brillantes porque alumbraban,

la oscuridad en mi corazón.

 

Anoche mientras dormía,

soñé bendita ilusión;

que era tu amor lo que tenía,

dentro de mi corazón.

 

 

 

 

Resplandor de amor

 

 

Te escribo,

y el corazón se me sale

en el aliento,

si no te escribiera lo que te escribo…

si no te escribiera y te dijera

cuanto te amo,

me ahogaría.

Tú eres amada mía,

el resplandor del día;

yo, la oscura noche

de quien te escondes,

para quedarte dormida.

 

 

 

 

No hay vuelta atrás

 

 

¡Amada mía!

Dime,

¿Qué puedo hacer yo?

¡Ay, pobre de mí!

No puedo hacer nada

más que caer en tus brazos,

mientras el corazón, en mil pedazos,

te llevas de mí.

 

No, amada, ¡No!

En mi poder

resistirte ya no está;

voy hacia ti como va

el río absorbido por el mar.

 

¡Dulce amada!

Te imploro,

por tu innata compasión,

arráncame el corazón

o ámame, porque yo te adoro.

 

 

 

 

El Arco Errante de Mis Liras

 

 

Mi proceder con el amor,

es un arco cargado con las saetas de mis liras.

Yo puse la mira en un blanco;

Ese blanco eres tú, mas ¡ay!

en ese blanco erré,

porque no hay modo alguno

que la puntería de mis poemas

y de mis liras sean finas en ti.

 

Porque tú tienes un espíritu virginal,

y bien protegida andas,

a prueba de mi insistente voluntad.

No te dejas seducir por mis poemas,

ni lanzas un solo suspiro al aire por mis liras;

ni te conmueves al encontrarte

con mis contristados ojos,

y menos abres tu corazón al sufrimiento

del mío por ti.

 

¡Oh! ¡Tú eres rica en personalidad!

(Esa esencia tan particular que te hace única)

¡Tú eres rica en belleza!

Y solamente pobre,

porque cuando mueras,

con tu hermosura;

¡Morirá tu tesoro!

 

 

 

 

 

 

 

 

El Eco de un Amor Inmortal

 

 

Es más fuerte que mi propia voluntad

de vivir.

Últimamente es raro que duerma bien

por las noches;

tu hermoso rostro aparece en mis sueños

y me acosa,

girando en torno a mí cuando intento conciliar

el sueño.

Oigo también el eco de tu melodiosa voz,

que me trae el viento escrito en el pentagrama

del aire.

 

Eres la protagonista de mis sueños.

¡ven conmigo, amada mía!

A vagar dentro de ellos,

donde tu amor es para mí,

donde se cumplen todos mis deseos

y las hadas templan

mi laúd.

¡Ellas me han dicho que conmigo sueñas!

¡Que me harán inmortal,

sí me amas tú!

 

 

 

 

Mi Pacto por Tu Belleza

 

 

Yo al demonio mi alma le ofrecí,

a cambio que para mí,

fuera el disfrute de tu hermosura;

y el demonio a ver la ternura,

con que te amaba mi afán,

me dijo: espera, que allá van,

hasta tu misma sepultura.

 

Las palabras que entonces respondí,

fueron: “Que aun muerto, yo así,

dejaría mi tumba por ti”.

Más una ilusión, un delirio fue,

yo en mi mente lo forjé.

Eres Mi Bálsamo De Ternura

 

 

En una ciudad donde solo me inspira

una pereza mental

que me subleva el ánimo,

un tedio a la decadencia de los valores

que encienden mi justa ira;

Vives tú,

el bálsamo que alivia mis heridas,

la idea que limpia mis pensamientos;

aquella que le da sentido

a mi intelectualidad.

La única que me inspira,

Ternura y amor.

 

 

 

 

Tu Bello Rostro Gira En Torno a Mi

 

 

Mi debilidad por ti

es más fuerte que mi propia voluntad.

Últimamente es raro que duerma

bien por las noches;

tu bello rostro me acosa

en mis horas de sueño,

gira en torno a mí cuando intento

conciliar el mismo;

oigo también la melodía de tu voz canora,

que resuena dulcemente en mis oídos.

 

Todo el tiempo estoy pensando en ti;

te sueño despierto,

te pienso dormido;

así me paso los días,

y así habitarás sempiternamente

en la memoria de mi corazón.

 

 

 

 

 

 

En Ti, Existe el Cielo

 

 

La falta de evidencias sobre hechos concretos

relativos a la divinidad,

me hacen cuestionar la existencia de un dios.

Pero al conocerte, supe enseguida,

que, en ti,

existía el cielo.

 

 

 

 

¿Quién Soy Yo Para Amarte?

 

 

¿Quién soy yo,

dentro de mi introspección para amarte?

 

¿Quién soy yo,

dentro de mis herejías para idolatrarte?

 

¿Quién soy yo,

dentro de mi nada para ofrecerte mi todo?

 

¿Quién soy yo,

para que voltees a ver los agravios de mi amor?

 

Sin duda,

Yo para ti no soy nadie,

Sin embargo,

Tu para mí eres el todo de mi nada.

 

 

 

 

Todo el Tiempo Pienso en Ti

 

 

Me paso los días,

anhelando la noche,

y ya en la noche

espero dormirme;

y ya dormido

te espero en mis sueños.

Apareces, y en la oscuridad suave,

tu imagen, es la luz que resplandece.

Te sueño despierto,

Te pienso dormido....

¡Todo el tiempo estoy pensando en ti!

 

 

 

 

En la Ausencia de tu Amor

 

 

Dime: ¿Por qué en tu ausencia

mis días se tornan tristes y melancólicos,

cargados de nubes grises

que ocultan cualquier rastro de luz?

 

Dime: ¿Por qué tu falta

me lleva a la irritabilidad,

haciendo que pierda la empatía hacia los demás,

viéndolos como falsos y embusteros?

 

Dime: ¿Por qué tu ausencia

hace que el trabajo se vuelva pesado,

los sufrimientos eternos

y las noches de confusión interminables,

mientras experimento insatisfacción,

angustia y duda?

 

Dime: ¿Por qué al recordar que no me amas,

la vida pierde sentido

y busco refugio en los vicios y el aturdimiento,

a pesar de saber que solo encuentro

sinsabores y perdición?

 

¡Oh, amada!

¿Por qué no puedo ser yo a quien tú amas?

Si de ti viene mi alegría, mi deseo de vivir y amar.

¡Por piedad, dulce amada!

Permíteme siempre estar a tu lado.

 

 

 

 

 

El Eco de tu Presencia

 

 

Tengo la profunda necesidad

de verte,

de tocarte,

de hablarte,

de sentirte;

pero, hoy,

como en casi todas las noches,

me toca solo imaginarte,

hasta quedarme dormido.

 

En mi mente, trazo tus contornos,

como un artista enamorado del lienzo,

pintando cada detalle con pasión,

cada matiz de tu piel,

cada destello en tus ojos.

 

Despierto en la oscuridad de la noche,

con la sensación de que estás aquí,

tu presencia se cuela en mis sueños,

como una melodía suave y constante,

que me acompaña hasta el amanecer.

 

A medida que la luz del sol asoma,
tu eco se desvanece,
pero en cada amanecer,
la promesa de un nuevo encuentro

resuena en mí."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poesías del Desamor, Retratadas por un Corazón

Rechazado.

“La antítesis del amor no es el odio, es la Indiferencia.”

 

 

 

Ilusión Persistente

 

Sobre mi soledad, una mudanza.

Refulgente en lo alto y tan bella,

en el cielo despejado una estrella,

despabila en su fulgor mi esperanza.

 

¡Tu indiferencia! ¡Una hiriente lanza!

Aguda punta que en mi pecho destella,

abre surcos dolientes, deja huella,

y un sufrir que mitigar no alcanza.

 

Cierro mis ojos y te veo en mis sueños,

mi amor por ti allí es igual de grande,

todo el dolor mi pecho lo resiste.

 

Y en ese cielo despejado de ensueños,

todo el azul de mi ilusión se expande.

Ilusión que, por ti, en mí aún existe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Melancolía y Esperanza

 

Este año que se va, me he sacrificado,

en el patíbulo de tu ausente beso.

Mi poema te avisa que por ti he llorado,

Y que estoy obnubilado por tu embeleso.

 

Este año que tanta falta me has hecho,

la tristeza casi ha acariciado mi hueso.

Mientras que el anhelo en mi pecho,

Desea tu más apasionado beso.

 

Las pitias vaticinan que estaremos juntos,

Tú y yo para siempre, y mi amargura,

De verte ausente se tornarán difuntos.

 

No hallaré desdén en tu mirada bendecida,

La miel de tus labios me sabrá a dulzura,

Y juntos hallaremos la felicidad merecida.

 

 

 

El dolor de tu Ausencia

 

 

¿Qué estarás haciendo, amada mía,

hoy que te pienso con ansioso frenesí?

Hoy que sufro la terrible agonía

de sentirme tan distante de ti.

 

¿Qué verán tus ojos, si no es mi cuita,

si no es mi dolor en mi existir?

Hoy que Lima me asfixia y me quita

las ganas de vivir.

 

¿Por qué lugares llevarás tus pasos,

y el cimbrar de tus caderas al andar?

¿Qué impresiones tus ojos han de mirar?

 

Has de estar contemplando algún paraje,

mientras yo voy recogiendo los pedazos

que dejó en mi pecho tu desdén salvaje.

 

Lamento Nocturno

 

 

No, la pena del corazón alegre devanea,

en los amargos días en que llorar solía,

un gemido cual paloma en agonía,

que, frente a la muerte, plegarias balbucea.

 

Ya en mi sentir sólo alborea,

los delirios de una caricia fría;

llanto que desenvuelve su larga melodía,

que en el ocaso silente apenas centellea.

 

Así, solo, recordándote lloro,

a veces río por no evidenciar mi lamento,

reprimiendo en mi garganta un gemido sonoro.

 

Y entonces lloro en la nocturna calma,

llanto del alma diseminado en el viento,

llanto del viento diseminado en el alma.

 

 

 

 

Tu Frialdad Infinita

 

 

Silencio y soledad, nada se mueve,

apenas y a lo lejos tu figura,

en rápida carrera tu hermosura,

pasa a modo de una sombra leve.

 

¿Quién a medir mi amor por ti se atreve?

Sólo el cielo y la tierra en su altura,

capaz de encorvarse por tu dulzura,

mide mi amor en un paréntesis de nieve.

 

En vano he de buscar tu mirada,

¡Oh, amada! Sentir tus fulgores,

sí reservas para mí, en tus ojos la nada.

 

Si en esta inmensidad sin ti deshabitada,

te muestras ante mí fría y sin primores,

como si fueras un alma sin amores.

 

 

Bramido del Sufrimiento

 

 

La turbia corriente,

de este caudaloso río,

lleva del llanto mío,

más agua que de su fuente.

 

En este estado deprimente,

sumido en el sufrir umbrío,

sólo el bramido de este río,

rompe el silencio en mi mente.

 

Me eres ahora dolor amargo,

ayer me fuiste alegría intensa,

me dejaste sumido en el letargo,

 

rodeado de una tristeza inmensa.

No sabes la aflicción que cargo,

menos, cuánto mi mente te piensa.

 

 

 

La Innúmera Gloria de mis Penas

 

Si mis penas pudieran ser medidas,

no serían penas, no, ¡qué glorias fueran!

Con más facilidad contarse pudieran,

las aves que en el cielo están perdidas.

 

Las estrellas a cuentas reducidas,

más cierto que ellas número tuvieran;

por imposibles, fáciles se vieran,

contadas las arenas esparcidas.

 

Sin ti, dulce y ausente, amada mía,

las noches paso, deseando el día,

y viendo el día y no verte,

 

por tu amor, en la noche lloro;

llanto que mis ojos vierte,

ahogado en un gemido insonoro.

 

Dichoso Aquel que Amó y ha Sido Amado

 

 

Dichoso aquel que en brazos ha tenido

el dulce amor de una mujer serena,

aquel que no ha sufrido la condena

de ser despreciado y malherido.

 

Dichoso quien del néctar ha bebido

De labios que disipan toda pena,

Y, lejos del dolor y la tristeza ajena,

Su alma vive en gozo compartido.

 

Mas yo, siempre por un amor receloso,

Fui dolorosamente despreciado,

Víctima de una indiferencia inadmisible.

 

Más mi corazón, ingenuo y afectuoso,

En su candidez aún está embelesado,

Amando ya sin razón lo imposible.

 

 

 

 

El Eco de mi Ateísmo

 

 

Levántame ¡Oh, Dios! Que estoy caído,

sin amor, sin afecto, ya sin miedo.

¡Me quiero levantar y me estoy quieto!

¡Yo propio lo deseo, yo mismo me lo impido!

 

Sé, que te extraña, la plegaria de un ateo,

pero mis penas me instan a buscarte.

¿A caso es tarde para verte y abrazarte?

A mi hondo sufrir, el alivio en ti veo.

 

Siento que voy perdiendo la razón,

pues en mi más recalcitrante ateísmo,

En lugar de buscar consuelo en mí mismo,

Lo hago en quien no cree mi corazón.

 

¡Oh! Se llena mi joven fantasía,

De una creencia que estriba en el desencanto,

Pero también se llena de luz, de poesía,

De mudo asombro, de terrible espanto.

Suspiros de Ausencia

 

Bajo la penumbra de mi corazón herido,

donde solo tu sombra en mis noches permanece,

y el eco de tu voz, como un latido,

retumba incansable en mi mente que desfallece.

 

Mis lágrimas, con la lluvia confundidas,

dibujan caminos de amargura en mi rostro,

y aunque mis pesares no se revelen a otros,

mi sufrir por ti es un grito en las heridas.

 

Mi corazón, roto como los cristales,

se clavan en mi piel y dejan cicatrices,

y el dolor, consecuencias de mis males,

esboza sufrimientos con todos sus matices.

 

Así, perplejo, me tiene tu desamor,

como un invierno sin fuego, sin abrigo,

donde mis palabras, gélidas de dolor,

suplican el calor que ya no mendigo.

 

 

 

 

Versos de Dolor y Soledad

 

 

Antes de tu llegada, mi alma reposaba,

en la serena quietud de días sin medida.

Leía poesía, más mi pluma no trazaba,

no conocía el verso, ni su melódica brida.

 

Hoy, tras tu paso, mi corazón se agita,

en el torbellino de emociones desatado.

Escribo poesía, pero mi musa se irrita,

y solo brotan versos de amor desgarrado.

 

Le escribo al dolor que en mí se enreda,

en la tela oscura de la noche sin final.

A cada palabra, mi sufrimiento ceda,

en el lienzo blanco, un testimonio vital.

 

Cada verso es un suspiro, un grito ahogado,

en el vasto océano de la soledad.

Palabras que nacen del corazón desgarrado,

reflejos del naufragio de la felicidad.

 

Así, entre la tinta y el papel, paso el tiempo,

navegando en el mar de la inspiración.

Cada estrofa, un eco de mi llanto en el viento,

un lamento por la pérdida, por la desolación.

 

 

 

Interrogante

 

Vibraciones que al espíritu suspende,
desvanecimiento súbito de los sentidos,
dulce sensación de amargo desvarío,
enajenamiento de la ponderación y el recato.

Te encandila los ojos, te hechiza el corazón,
y te subyuga el pensamiento,
melodía en que armonizan mil voces varias,
turbación que atrofia la razón.

Vida que vive sin tener vida,
alegría que, en su gozo glorificado,
oculta el dolor, oculta el sufrir,
oculta la angustia, oculta la amargura,
oculta la desesperación, la tristeza.

Vida que, en su amable apariencia,
oculta la muerte.
Tiene ese algo que hace sufrir,
Y hace llorar.

¿Qué es ese algo más profundo
Que los abismos del mar?
¿Qué es ese algo dulce y amargo?
¿Qué es?

¡Los ángeles lo llaman dicha!
¡Los demonios, tormento infernal!
¡Los hombres, amor!

 

En la Oscura Curva del Camino

 

En una oscura curva del camino,

por tu amor, lloro como un perdido niño.

No hay paz en mis azarosos pasos,

ni en la mágica luz del cielo santo.

 

Yo recuerdo un ayer de albor,

en la honda florida de la mañana;

las risas y el canto matinal de las aves,

por los lejanos y perdidos valles.

 

Con la calma de una etérea existencia,

tu imagen en mi vida se metía,

un sentimiento de amor por ti nacía,

¡Yo recuerdo bien ese ayer alegre!

 

Cuando en tus ojos reflejabas

la diáfana luz de la pureza.

¡Oh, los recuerdos! ¡Qué tristes son!

¡Qué vil es la memoria del corazón humano!

 

Y en la oscura curva del camino,

recordándote: ¡Lloro como un niño!

 

 

 

 

 

Irreductible Tu

 

 

Quítate ya la arrogancia,

lo desdeñosa, lo soberbia;

ya no te quiero así,

disfrazada de otra.

 

Tú que siempre profesaste

bondad,

cariño y amor;

así te quiero,

pura y libre,

así como solo tú lo eres.

 

Irreductible tú:

sé que cuando te llaman,

de entre todas las gentes del mundo,

sólo tú, serás tú;

serena de límpida pureza.

 

Si algún día me preguntas:

“Quién es el que te llama,

el que te quiere suya”

Arrancaré los nombres,

las rótulas de historia,

y te diré quién es el que te ama.

 

Irrompible seré,

romperé todo lo que encima me echaron

desde antes de nacer…

¡Romperé y romperé!

Pero tú: ¡Quítate ya lo altiva!

 

Y vuelto ya el anónimo eterno,

del tabú desnudo,

de la piedra del mundo

te ama…

¡Yo te amo, soy yo!

 

 

 

 

Estoica resistencia

 

 

Tu rostro querido ha quedado

impregnado en mi mirada,

y aunque tú por mí no sientas nada,

estoico resisto la cruel tortura,

de saborear el sabor sin sabor de tu dulzura,

de soñarte algunas noches, mi dulce amada,

diciéndome: “por ti no siento nada”.

 

Eres el motivo prístino de mis versos,

y aunque en esta estación otoñal de mayo,

el dolor de tu ausencia me cae como un rayo;

en mi corazón quebrado, aún voy,

recogiendo los pedazos dispersos.

 

 

Divina Flor Ausente

 

 

¡Amada mía!

Divina flor que reúnes

los exquisitos perfumes

del amor y de la alegría,

bajo el albor de este día,

lleno de feliz encanto,

te dedico en este canto

¡Mi amor e idolatría!

 

Y fiel al dolor que me desgarra,

tu ausencia que no deja de lastimar,

permíteme llorarte con mi guitarra,

como un amante digno de amar,

las notas que solo ella sabe llorar.

 

 

 

 

 

Eco de Amor y Ausencia

 

 

Anochece,

siento el rumor de tu voz dentro de mí,

tus ojos le dan luz a la noche oscura,

mientras que el viento murmura,

el eco silbante de mi amor por ti.

 

Anochece,

y siento en mi alma que parece,

resollar de pena y suspirar de amor;

¡Está triste! ¡Debe sentir algún dolor!

Un profundo sufrir que no merece.

 

 

¡Oh, amada!

Esta noche en que mi alma evoca

tu recuerdo, y mi corazón musita

un quejido en actitud contrita,

extraño tu amor que mi alma toca.

 

 

¡Oh, amada!

Yo que susurro un lamento de enamorado,

yo, que desde que te fuiste ya no sonrió,

yo, que de mis ojos vierto lágrimas cual rio;

sufro, lloro y gimo, pues tanto te he amado,

tanto, y por eso me duele mucho el corazón.

 

 

 

 

 

Resignación y Desesperanza

 

 

¡Te amo tanto!

Pero nunca sabrás cuánto.

¿Qué palabras podré encontrar

para expresar este amor sin par?

Sabes que yo te adoro,

pero no sabes que por ti lloro.

¿Qué muros de silencio construiré,

para ocultar el dolor que me hiere?

 

Callaré mi amor,

Persistirá tu desamor.

¿Qué secretos guardará mi corazón,

mientras sufro en la oscuridad de mi habitación?

A pesar de que sabes

que por ti yo muero,

y que sabes también

lo mucho que te quiero.

 

¿Qué hondo abismo de tristeza llenará,

el vacío que deja tu amor sin alcanzar?

Si algún día me sorprendieras,

y por casualidad supieras

que mis ojos han llorado;

es que anoche he soñado,

que me querías tanto,

y desperté con llanto,

al no verte a mi lado.

 

Y desde entonces mi pena,

cual pozo de amargura llena,

me tiene acongojado.

¿Qué sueños rotos yacen en mi mente,

mientras lamento tu amor ausente?

Pero no oirás de mis labios,

que por ti he llorado,

callaré y jamás sabrás,

cuánto deseo tu beso adorado.

 

¿Qué desesperadas súplicas callaré,

mientras contemplo tu amor desvanecer?

¡Sí, yo sé! ¡Tú amas a otro!

¡Oh, mísero mundo!

Tu amor por él es profundo.

¿Qué lucha interior me aguarda,

mientras mi corazón se desgarra?

 

Pero no lucharé por ti;

significas mucho para mí,

pero, como un vagabundo,

¡No mendigaré!

¿Qué resignación aceptaré en mi destino,

Mientras contemplo tu amor

desviarse de mi camino?

 

 

 

 

 

Nostalgia y Esperanza

 

 

Si algún día te acuerdas de mí,

regálame un suspiro en tus pensamientos;

de esos que vuelan sin alas,

que remueven mares internos,

estremecen hasta las ansias

y empañan la mirada.

 

Si algún día te acuerdas de mí,

susurra una melodía que te abrace,

en cualquier noche estrellada de abril;

mira las estrellas con los ojos cerrados,

y recuerda la última vez

que te besaron con loca pasión.

 

Si algún día te acuerdas de mí,

búscame en el refugio de las caricias,

donde los besos ausentes se ocultan;

si algún día te acuerdas de mí,

que sea con amor y sin culpas,

y que sea hoy,

como lo estoy haciendo yo.

 

 

 

 

Reflexiones Amargas

 

Sé que algún día como el sol,

brillarás en el cielo de otra persona.

Cuando reflexiono en este pensamiento,

amargamente me pregunto:

¿Por qué no puede ser en el mío?

 

En el firmamento de tus risas,

se reflejan los colores del amor,

pero en mi cielo, solo queda

el eco de tu desamor.

 

Mirando hacia el futuro, veo

la huella de tus pasos en otro camino,

mientras mi corazón se pregunta,

¿Cómo puedo aceptar tu destino?

 

Aun así, en el silencio de mis anhelos,

guardo la esperanza de algún día

encontrar un destello de ti en mi vida,

aunque ahora el sol se esconde tras la pena.

 

 

 

 

Aquí te Amo

 

 

Aquí te amo.

En la penumbra de las noches invernales,

donde el viento se enreda

en las hojas temblorosas de los árboles.

Aquí, donde las calles de la ciudad se visten

con la melancolía gélida de julio, te amo.

 

 

Aquí te amo.

En este frío invernal,

donde mi amor florece por ti.

Yo que en todo momento y en cada lugar,

evoco tu recuerdo, te nombro y te amo,

en el claustro monástico

de mis pensamientos.

En el fervoroso latir de mi corazón,

bajo el cenit infinito y melancólico

que tú y yo compartimos, te amo...

Aquí,

yo te amo.

Aquí,

Yo,

Solo.

 

 

 

 

Paseo Solitario Por El Mar

 

 

Quisiera esta tarde de estío,

que se engalana aun con el fulgor de mayo;

pasear por la orilla lejana del mar,

donde la arena de oro brilla,

y las aguas azules susurran,

mientras el firmamento puro me contempla pasar.

 

La arena, el mar, el cielo,

testigos quietos de mi caminar;

no hablan ni ríen, no saben pensar,

pero acogen mis pasos lentos,

no les aflige mi contristado llorar.

El cielo, apenas, mi alma evoca,

mas no puede mitigar mi tristeza al llorar.

 

Bajo el sol radiante y el cielo claro,

mis pensamientos vagan, solitarios y profundos;

la belleza natural que me rodea,

contrasta con mi desolación interna,

creando un paisaje de melancolía y quietud.

El murmullo del mar y la brisa salina,

apenas logran consolar mi pesar.

 

 

Quisiera esta tarde de verano,

encontrar consuelo en la armonía de la naturaleza;

pero mi soledad persiste,

acompañándome como una sombra fiel,

mientras camino por la orilla solitaria del mar,

buscando respuestas que el mundo no puede dar.

 

 

 

 

Suspiros tristes y Lagrimas cansadas

 

 

¡Suspiros tristes!

¡Lágrimas cansadas!

Que agotan al corazón.

Los ojos llueven: ¿Qué pasa?

Es mi corazón que llora,

pues no se resigna a tu desdén.

Lágrimas ruedan por mis mejillas,

acerbo es el llanto por tu ausente amor;

sin embargo,

gloria siento yo por ti en la pena mía,

y aunque me hayas dicho que ¡No!

igual te quiero,

igual te adoro,

te espero,

desespero,

gimo y lloro.

Pues mi corazón no te olvida un solo día,

porque sin ti, mi dulce amada,

¡me cansa ver la luz del sol!

¡me entristece el verdor de los campos!

¡lloro con el trinar de los pajarillos!

¿Cuándo llegará el día en que te fijes en mí?

Te espero en el tiempo,

hasta que este se acabe para mí.

 

 

 

 

 

 

 

Huellas De Un Amor Perdido

 

 

¡Acuérdate, amada mía!

Que mi alma siempre anduvo

tras tus pasos y nunca tuvo

recelo del leve lazo que unía

tu amor con el mío.

 

Me estoy quedando solo,

y sufro como sufre el río

cuando se ve abandonado

por su caudal acompasado.

 

Venga a mí la hierba silvestre,

denme compañía las aves del campo,

hoy que mi alma llora en este

día trágico de viernes santo.

 

Mi recuerdo va tocando tu puerta,

¡No abres! ¡No quieres noticias de mí hoy!

Mientras que con mis versos voy

buscando alguna ventana abierta

por donde pueda yo entrar

y te pueda contar:

que ya han pasado

diecinueve días y quinientas noches,

y mi alma no ha logrado

el olvido ni los derroches

con los que te amaba mi afán.

 

Mi amor y cariño ahí van,

como la noche siguiendo al día.

Por eso, acuérdate amada mía,

que, aunque lloroso en la noche umbría

y con el corazón roto en mil pedazos,

siempre sigo las huellas de tus pasos,

¡pensando en ti cada noche!

¡soñando contigo cada día!

 

 

 

 

 

 

 

Desamparado De Ti

 

 

Más dura que el metal

a las quejas de mi dolor,

más fría que la nieve

al fuego en que me quemo,

¡Oh, amada!

Estoy muriendo y aún la vida temo;

y lo temo con motivo,

pues tú te alejas.

 

El vivir sin ti no tiene razón,

triste me veo en este estado,

de ti, solo y desamparado,

mi dolor se agudiza con cada paso.

¿Por qué no te apiadas de mí

y me das la hora,

de amarte sin medida,

sin alejarte un solo momento de mí?

 

¡Dime que sí,

y mis lágrimas cesarán de correr!

 

 

 

 

Tu Amor, Dulce Sentimiento

 

 

goza del noble orgullo de sentirte amada!

¡Amor!

Dulce sentimiento

que antes me era indiferente en una mujer.

¡Tu amor!

Felicidad que compraría

para un solo día,

con las lágrimas de toda mi existencia,

aunque me condenara a vivir desgraciado.

¡Tu amor!

Único tesoro que defendería

con mi vida

de toda la iniquidad humana.

¡Tu amor!

Delirio, inspiración del cielo

que tanto anhelo y no me dejas.

¡Tu amor!

¡Dulzura infinita!

¡Melodiosa ovación!

¡Oh, amada!

¡Cuánto te amo!

¡Cuánto más te amaré!

 

 

 

 

Evocación De Una Realidad Imaginada

 

 

Más que por ninguna otra causa,

evocar tu nombre y, en consecuencia,

tu recuerdo,

me hacen sentir que, en tales circunstancias,

sacas lo mejor de mí.

 

No tengo límites en la imaginación

cuando todas las ideas que discurren

dentro de mi mente

son acerca de ti.

 

Estas van más allá de los linderos

del pensamiento;

pensar en ti

es reflexionar sobre cosas

que alguna vez ocurrieron.

 

Momentos maravillosos,

que en mis sueños

mi inconsciente forjó.

Esas evocaciones,

esa añorada reminiscencia

de tenerte entre mis brazos,

no son más que el producto

de mi mente en mi loca imaginación.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lamentos De Un Corazón Afligido

 

 

Recuerdo tu nombre,

que llega lentamente a mi memoria;

lento, muy lento,

como las músicas de la liturgia.

 

De tu pecho, insensible para mí,

brotan enjambres de avispas

que hieren mi afligido corazón.

 

Y a pesar del dolor,

te ofrezco un cariño sincero

y una alegría infinita,

solo comparable al recreo de los niños.

 

Mi alma muere con tus desplantes,

mi ternura muere impertérrita con tu desdén;

porque al pensar

entre tú y el horizonte,

me doy cuenta de que ambos

distan de mí

a una infinita distancia.

 

Entonces mi palabra se pone inquieta y triste,

llora como la lluvia,

gime como el tenue silbido del viento en otoño;

y el rumor del llanto es un eco

de los himnos dolientes

de las músicas litúrgicas.

 

Ante tu desdén,

 ha callado mi palabra,

ha callado la canción,

pero aún no ha muerto la inspiración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sigo Las Huellas De Tus Pisadas

 

 

Donde quiera que vayas,

te seguiré, amada mía;

seré tu sombra,

y tras de ti,

seguiré la huella de tus pasos.

 

Así,

escribiendo poesía,

pretendo mitigar mi dolor,

recordando tu dulce voz,

tu suave acento.

 

Me pregunto:

¿Para qué canto

Callado placer tanto,

que aflige mi corazón?

 

 

 

 

Huella De Un Amor Lejano

 

 

Quisiera que comprendas

que estoy llorando,

con sórdida amargura,

apoyado sobre mi propio fracaso.

 

Quisiera que comprendas

lo solo que me encuentro,

cuando escucho lejano

el eco de un "te quiero";

de esos tan hermosos,

que no oí de tus labios.

 

Quisiera que comprendas

que me he abandonado del todo,

que es imposible borrar

lo que pudo haber pasado

y no ha pasado.

 

Has impregnado en mi alma

la huella de tu amor lejano;

más quisiera que comprendas

que yo aún, ¡te amo!

 

 

 

 

Nada Tuve En La Vida

 

 

En mi soledad, te extraño,

y sufro por ello,

porque sé que no te volveré a ver.

Esa misma soledad me consuela,

diciéndome:

"No se puede tener todo en la vida."

Pero vuelvo al sufrimiento

al caer en la cuenta de que:

¡Nada he tenido en la vida!

 

Mis noches se vuelven eternas,

con un silencio que grita tu nombre,

y cada musitar del viento,

trae tu voz, y me recuerda tu ausencia.

 

Intento hallar consuelo en tus recuerdos,

pero ellos también me abandonan,

dejándome solo con mi pena,

y un corazón vacío, sin esperanza.

 

 

 

 

 

Las Paradojas Del Corazón

 

 

Más cerca de ti me siento,

cuando más lejos estoy de ti,

pues tu imagen en mí

es sombra en mi pensamiento.

 

Pero, ¿de qué me sirve presumir

mi tormento en tu querer,

si mi amor no acaba de nacer

cuando en ti, empieza a morir?

 

Un Presente Por Tu Cumpleaños

 

 

Hoy dos de febrero, que es tu cumpleaños,

no tengo nada para darte, nada;

lo que poseo lo llevo siempre lejos de mi vida,

a veces hasta mi alma me parece lejana.

 

Pobre como una hoja amarilla de otoño,

cantor como un hilo de agua sobre las huertas,

los sufrimientos, ¡No sabes cómo me abruman todos!

Como el sufrir de María al ver a su hijo crucificado.

 

Mis alegrías nunca las sabrás,

y mi regalo es eso, no te lo puedo dar;

porque hasta ahora no la hallo en mi vida,

y solo el dolor que poseo, no te lo puedo regalar.

 

Pienso que también ella me dejará algún día,

entonces me quedaré solo, como nunca lo estuve,

tú lo sabes, la soledad me arrastra,

hacia el confín de la tierra, como el viento a la nube.

 

Pero, ¿para qué te escribo mis pensamientos tristes?

Solo a mí debe afligir mi dolor.

En cambio, en ti la alegría existe,

porque algún dios en el cielo te la brinda.

 

Uno no sabe cómo va hilvanando mentiras,

y uno habla por ellas y ellas hablan por uno;

piensa que tengo el alma llena de risas,

solo piensa, y no te engañarás.

 

Y este regocijo, aunque sea fingido,

hoy que es tu cumpleaños, te lo ofrezco,

como el único presente que puedo brindarte.

¡Ten tan solo un bonito día!

 

Y si alguna vez, en la distancia,

recuerdas este día con nostalgia,

piensa en mí tristeza disfrazada de alegría,

como un acto de amor en esta fría travesía.

 

 

 

 

Ruego Por El Olvido

 

 

No existió ningún lazo

entre tú y yo, pero no olvides,

que yo de verdad te amaba.

Al cielo pido: ¡Bendita seas!

 

¿Entonces por qué no pides

la muerte que mi alma desea?

¿Por qué no pides de una vez

que Dios,

destruya mi pecho con tus recuerdos?

Y así por fin verme libre,

y nunca más tus recuerdos me atormenten.

¡Pídelo, ruega que así sea!

 

Tú me olvidas porque no tuvimos lazos,

yo te recuerdo porque no los tuvimos,

y este albedrío que me incita

a estrecharte entre mis brazos,

me destruye,

porque ni yo sé lo que fuimos.

 

Pero ruego que seas feliz,

y ruego que ruegues por mí.

Ruega que nazca en mí la fuerza bruta

para el olvido,

pero ¿quién me enseñará a olvidar?

O al menos,

¿quién pondrá fin a mi sufrimiento

para que, junto a mí,

mueran también mis penas?

 

¡Te ruego que ruegues a tu Dios por mí!

Y le pidas mi pronta muerte,

el fin de mi vida,

que sin ti…

¡es infeliz!

 

 

 

 

 

 

 

Promesas No Hechas Y Olvidadas

 

 

Todo mi amor fue para ti,

¡Mi dulce amada!

Pero tú no me correspondiste a mí,

¡Dolorosa puñalada!

 

Si, así es como se trata,

A un afecto sincero;

amor ya no quiero,

¡Ya no quiero volver a amar!

 

Juré ser tuyo,

tú de mí, jamás.

Yo cumplí con lo mío,

pero tú te olvidaste más.

 

¡Cuánta falsedad!

¡Solo me engañaba!

Cuando al cielo rogaba

por tu amor y pedía,

que tú también me amaras.

 

¡Amor! ¡Jamás encontrarlo espero!

¡Amor! ¡Amor ya no quiero!

Si no es el tuyo...

¡Ya no quiero más amor!

 

 

 

 

 

La Aparente Inmadurez Del Sentimiento

 

 

Llámame inmaduro por actuar ante ti

de una manera infantil.

Llámame ridículo por escribirte

los poemas que te dedico.

Puedes llamarme imbécil

por amarte de la manera como te amo,

aun sabiendo que no tengo esperanza contigo.

 

Y así,

puedes etiquetar mis acciones,

mis sentimientos y mis emociones,

con cualquier adjetivo peyorativo

que se te ocurra.

 

Sin embargo,

ten en cuenta que cada etiqueta

que me atribuyas,

tendrá su justa justificación,

pues:

 

la falta de amor marca el grado máximo

en el dinamómetro de la imbecilidad.

El amor es la perfección de la conciencia;

¡No amamos porque no comprendemos!

O más bien,

¡No comprendemos porque no amamos!

 

 

 

 

 

El Precio De Un Anhelo

 

 

Era por ti el silencio de mi introspección,

por ti la esquividad en mi enamoramiento,

la soledad que a mi cuerpo le agradaba.

Por ti la limpidez en mi pensamiento,

que en mis prosas y en mis liras

al escribirte deseaba;

¡Ay! ¡Cuánto me engañaba!

¡Ay! ¡Qué diferente era,

y cuán de otra manera

lo que tu desdén impío me ocultaba!

 

No niego que sentí alegría

cuando en mis innumerables desvelos,

por mi afán de quererte,

soñaba para ti los cielos,

ansiaba verte.

Mas ¡Ay! ¡Qué infeliz suerte!

Cuánto tiempo por tu amor embebido,

erré mis pasos, me vi perdido,

desorientado, lloroso como un niño,

buscaba tu amor, anhelaba tu cariño.

 

Amor Eterno

 

 

Podrá el sol eclipsarse eternamente,

el mar podrá secarse en un instante,

sucumbir la tierra a su destrucción

incesante.

Podrá el metal corroerse, quebrarse débilmente,

podrán las noches no tener fin,

podrá la luna dejar de salir,

podrán las estrellas dejar de brillar,

dejando en tinieblas la esfera entera.

¡Todo podrá suceder!

 

Podrá la muerte cubrirme

con su negro cendal,

podrá el viento llevarme

a un lugar sin retorno,

y, aun así, mi amor por ti

perdurará más allá del tiempo,

más allá del destino.

 

Podrán los recuerdos desvanecerse

como sombras en la bruma,

podrán las voces del mundo

olvidar nuestro nombre,

pero la llama de mi amor por ti

será una constante en la eternidad,

un faro luminoso en la vasta oscuridad.

 

Aunque la existencia misma se desintegre,

y el universo se desmorone,

mi amor por ti, como un pulsar

en la vasta amplitud del espacio infinito;

palpitará, emitiendo su luz radiante

por el silencio de los siglos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Cruz De Tu Amor

 

 

Así como Cristo, que llevó su cruz al calvario

para morir,

yo llevé la cruz de mi amor

hasta tu corazón,

para sufrir.

 

Y no me corro de mi suerte,

pues gloria siento en la pena mía por ti,

y si he de vivir así,

que el amarte sea

¡mi dulce agonía!

 

Como los clavos que perforaron su piel,

tus recuerdos me hieren,

pero no me quejo,

pues en cada punzada

siento la prueba

de que mi amor por ti es real.

 

Con cada paso que doy,

siento el peso de esta cruz,

pero no claudico,

pues en tu amor,

encuentro mi misión,

la razón de mi existencia.

 

 

 

 

 

Mi Loca Imaginación

 

 

Aquel día que te vi

un jubiloso día fue,

¿Eras realidad o yo

en mi mente te forjé?

 

Mi imaginación te dio

la forma en que te vi,

y ciego vine a caer

en la realidad de un ser

que mi mente fabricó.

 

Mas nunca de modo tal,

fanatizó mi razón,

mi loca imaginación

con su poder ideal.

 

Sí, algo sobrenatural,

vi en ti, mujer,

la hermosura de tu ser

vaporosa e irreal.

 

¿Qué circunstancia es esa

qué propia de una sombra es?

¿Qué más diáfana y sutil

que las quimeras de un sueño

más flexible y más gentil?

 

¿Y no pasa por ser vil,

que en febril excitación

ve nuestra imaginación,

como ser realidad,

la vacua vanidad

de una anhelada ilusión?

 

Sí, febril delirio fue,

tu imagen estaba en mí,

ahí te vi y te toqué

con un loco frenesí.

 

 

 

 

 

Memorias De Un Amor Distante

 

 

Así es mi amor por ti;

solo necesitas alejarte

lo que dura un sueño,

y en un instante, el tiempo

hace germinar el amor.

 

En tu ausencia,

mi amor se revela en su esplendor;

un brillo donde mi espíritu

y mi corazón se funden en uno.

 

Te reirás, querida mía,

preguntando por qué te escribo así:

pero si pudiera unir

tu corazón al mío,

guardaría silencio,

dejando que solo los latidos

hablen por nosotros.

 

Sin poder besarte con los labios,

mis palabras se convierten

en besos escritos,

imágenes de amor

plasmadas en versos.

 

Entre las muchas mujeres del mundo,

¿dónde encontraría otro rostro

que, al mirarlo,

despierte en mí

los más dulces sentimientos?

 

Tu rostro, querida,

es el refugio

de mis penas y pérdidas,

un oasis de consuelo

donde encuentro paz

en el dulce contemplar de tu imagen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poesías del Desamor, Escritas Desde el Infierno Por un Corazón en Duelo.

 

 

 

 

 

 

Memorias de una Ilusoria Aurora

 

 

Cada día el mismo delirio en la expresión,

La tinta de mis versos llora las rimas tardías,

en que escribí en los pasados días,

la tristísima lira de mi corazón.

 

Dice un libro en su página ajada:

“Alimento de vida fuiste aquella tarde…

Para mí inolvidable, para ti ya olvidada”.

Lo leo, y cuán lacerante mi alma arde.

 

Una ilusoria aurora, ¡Cuántas cosas!

Esa puerta, esa ventana en la pared, ese clavo,

musitan que soy tu afligido esclavo.

 

Pero mudas, ciegas y sigilosas,

ignoran que tu recuerdo es más fuerte que mi olvido,

en mi memoria, tan dulce y tan querido.

 

 

 

 

 

Sin Ti, Nada Sin Ti

 

 

Bien, mi corazón contristado,

vivirá sin ti eternamente,

el tiempo y la distancia cruelmente

hará de mi alma un desdichado.

 

Mi corazón cual tallo de árbol ajado,

el otoño secará severamente,

pero en la reminiscencia de mi mente

quedará indeleble tu recuerdo inmaculado.

 

Vivir sin ti, esa es mi dura suerte,

pero antes de llegado el olvido,

prefiero que mi pecho se haga inerte.

 

Nada sin ti, sin ti no hay nada,

sólo el espectro viviente de la muerte,

apartará tu bello rostro de mi mirada.

 

 

 

 

 

Dolor y Añoranza

 

 

Dulce Marsha, para mi mal hallada,

tierna y alegre siempre te veía.

Presente estás en la memoria mía,

y junto a ella, en mi muerte conjurada.

 

¿Quién me dijera que en la pasada

vida, en tanto bien por ti me veía,

que me ibas a ser en algún día,

con tan grande dolor representada?

 

Pues, de esa vida, mi alegría te llevaste,

tu trato amable que por término me diste;

llévate el amargo dolor que me dejaste.

 

Sino sospecharé que me pusiste,

en tantos bienes porque deseaste,

verme morir, con tu recuerdo triste.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Te Recuerdo Siempre

 

 

Vives sin sufrir lo que he sufrido,

y me olvidas para que muera,

te quiero olvidar y no te olvido,

te recuerdo siempre, aunque no quiera.

 

Nunca fuiste mía y te he perdido,

nunca me dijiste: espera,

yo esperándote vivo y he vivido,

y te esperaré toda la vida entera.

 

Tal como tú se fueron en otro día,

con acerbo dolor mis ilusiones,

que aún no vuelven todavía.

 

Esta ha sido mi dicha trunca,

pero aún aguardo en los balcones,

la vuelta de tu amor que no vuelve nunca.

 

 

 

 

 

Sílfide Sin Alma

 

 

Mal hallan un amén tu desdén impío,

¿qué burla significa para ti mi llanto?

¿Por qué me muestras tu rigor tanto?

¡No hay un amén en tu desprecio, amor mío!

 

¡Sílfide sin alma! ¡Doloroso rechazo!

Dime: ¿por qué aún me golpeas?

Si en mis versos no hago más que veas

mi amor anidado en tu anhelado abrazo.

 

¡Mucha maldad! O eso parece.

¡No me destruyas! ¡Afírmame!

Tú y yo lo sabemos: quien merece

 

felicidad y pretende ser querido;

quien amor verdadero pretende,

necesita doblemente ser sufrido.

 

Hasta Cuándo

 

 

¿Hasta cuándo, amor mío,

me tendrás olvidado en tanto extremo?

¿Hasta cuándo tu desdén impío

ha de alejarme de ti?

 

¿Hasta cuándo, con desprecio errado,

mirarás mi alma y con fulminante

saetazo herirás mi corazón contristado?

 

¿Hasta cuándo tus ojos despectivos

han de huir engreídos de los míos,

mi dulce amada? ¡Oh, tu empatía!

Mírame, oye los lamentos de mi pecho.

 

¡Ilumina mis ojos!

Ya no quiero padecer bajo la sombra

de tu lacerante desamor.

Tampoco quiero que tú, viendo mis despojos,

digas: ¡He vencido tu amor indigno!

 

Tu desdén, que me ha perseguido,

exultará de contento si yo muero;

pero mira que así, triste y abatido,

la dulzura de tu amor siempre espero.

 

¡Sí! Mi corazón lleno de alborozo,

verá al fin tu amor corresponderme,

y tu cariño arrellenado y bondadoso,

me tenderá su mano,

¡tu anhelada caricia, por fin será mía!

 

 

 

 

 

Aún Te Amo Todavía

 

 

Tú me desprecias y, aun así, te amo todavía.

Te alejas de mí, pero jamás te diré adiós,

¿por qué no me quieres, amada mía?

¿Por qué no podemos amarnos los dos?

 

Este amor eviterno, apasionado y loco,

me lo sembré en el alma para amarte a ti,

más tu ingrata no me quieres ni un poco,

mientras que yo no volveré a amar así.

 

Sólo me queda tu mirar dormida en mi memoria,

tu voz, tu sonrisa que jamás olvidaré,

pero ahora que sé que te alejas y te pierdo,

empiezo a amarte como jamás te amé.

 

¡Tú me desprecias! ¡Dulce y querida!

Mi más hermoso sueño muere dentro de mí;

tú me dices adiós para toda la vida,

pero toda la vida te amaré solo a ti.

 

 

 

 

 

Amor y Agonía

 

 

¡Hermosa!

¡Cómo olvidarte si eres la vida mía!

¡Cómo vivir sin ti, si por ti me muero!

¡Si es tu ausencia, mi lúgubre agonía!

¡Si con todo mi espíritu te quiero!

 

Con mi vida te ofrecí un amor eterno,

con mi locura, alegrarte la existencia;

sin embargo, me hieres la conciencia,

y en pago del cielo me ofreces el infierno.

 

¡Hermosa!

Mientras más desdeñosa eres, más te adoro,

mientras más me hieres, más te admiro,

y allá, dentro de mi alma siempre lloro,

allá, dentro de mi alma siempre expiro.

 

¡Un eterno llorar, tal es mi suerte!

¡Nací para sufrir y para amarte!

¡Solo el filo cortante de la muerte,

podrá de mis recuerdos arrancarte!

 

 

 

Dolor y Desesperación

 

 

Yo sufro, y tú lo sabes, y aunque quiero

ocultar mi dolor, no tengo calma.

Cada queja es un quejido lastimero,

bañado con las lágrimas de mi alma.

 

Te amo como ama en la fértil tierra

el ave errante que, en la selva mora,

y este gran amor que mi alma encierra,

canta en mi lira y en mis ojos llora.

 

En sueños veo tu imagen y temblando,

he llegado a sentir falso embeleso,

¡que tú me miras! ¡que te estoy hablando!

¡que me arrodillo y que me das un beso!

 

¡Perdóname! ¡Perdóname! El delirio

me llega a engañar, tantos agravios,

tanto inmenso dolor, tanto martirio,

no llevarán mis labios a tus labios.

 

¡Yo sufro! ¡Ahora lo sabes! Y no quiero

sufrir más, pero, aunque mi alma con el dolor

se rompa en mil pedazos, seré el primero,

en morir con el puñal de tu desamor.

 

 

 

 

 

Emociones en el Tiempo

 

 

Ayer que fue septiembre y la primavera fue lozana,

ayer cuando te conocí y vi tu mirada arcana;

la noche estuvo despejada y la luna parecía seguir

al sol, corriendo por la extensión lejana,

¡Ayer, quise reír!

 

Hoy que cae la tarde encendida,

en que el ocaso anuncia una frágil canción de vida,

en el cielo grisáceo que no dejo de mirar.

Hoy que recuerdo ese ayer con el alma adormecida;

¡Hoy, quiero llorar!

 

Hoy también que el cielo se me muestra violento,

hoy que anuncia tu partida el viento,

y el volver a verte se iguala al número cero.

Hoy que nada puede mitigar mi lamento;

¡Hoy, me desespero!

 

Ahora que la noche me trae una trágica duda,

en la que mi alma vaga, llamándote muda,

Ahora que estas ausente siento venir,

una inmensa tristeza desnuda;

¡ahora, quisiera morir!

 

 

 

 

 

Nostalgia y Anhelo

 

 

Si algún día te acuerdas de mí,

regálame un suspiro en tus pensamientos,

de esos que vuelan sin alas,

que remueven mares internos,

estremecen hasta las ansias,

y empañan la mirada.

 

Si algún día te acuerdas de mí,

susurra una melodía que te abrace,

en cualquier noche estrellada de abril;

mira las estrellas con los ojos cerrados,

y recuerda la última vez

que te besaron con loca pasión.

 

Si algún día te acuerdas de mí,

búscame en el refugio de las caricias,

donde los besos ausentes se ocultan;

si algún día te acuerdas de mí,

que sea con amor, sin culpas,

y que sea hoy, como lo hago yo.

 

 

 

 

 

 

En la Agonía de la Espera

 

 

En suspiros tristes, mi alma se ahoga,

lágrimas cansadas inundan mis ojos,

lacerando mi afligido corazón;

víctima inocente de tus enojos.

 

Es mi corazón el que llora,

ante tu desdén que no comprende,

lágrimas ruedan, mi rostro devora,

doloroso llanto por tu ausente prenda.

 

Aun así, en mi tristeza, te exalto,

gloria encuentro en amarte aún en pena,

aunque tus palabras me nieguen alto,

mi amor por ti se mantiene, serena.

 

Te espero, desespero, gimo y lloro,

mi corazón no olvida un solo día,

tu dulce amor, mi amada, aún adoro,

en la agonía de esta espera impía.

 

Sin ti, la luz del sol me abruma,

el verdor de los campos entristece,

el trinar de los pájaros me abruma,

¿cuándo, mi amada, tu amor florecerá?

 

Te aguardo en el tiempo sin medida,

hasta que este se agote, paciente,

porque sin ti, mi vida está perdida,

¡hasta que el tiempo me lleve, persistente!

 

 

 

 

 

La Huella de Tu Amor Lejano

 

 

Quisiera que comprendas

que estoy llorando,

con sórdida amargura,

apoyado sobre mi propio fracaso.

 

Quisiera que comprendas,

lo solo que me encuentro,

cuando veo lejano

el eco de un te quiero;

de esos tan hermosos,

que no oí de tus labios.

 

Quisiera que comprendas,

que me he abandonado del todo,

que es imposible borrar

lo que pudo haber pasado

y no ha pasado.

 

Has impregnado en mi alma

la huella de tu amor lejano;

más, quisiera que comprendas,

que yo aún, ¡te amo!

 

 

 

 

 

Sueños y Despertares

 

 

Ya no se verán mis ojos en tus ojos,

ya no endulzaré mi amargura con tu amor,

dejas mi alma prosternada, de hinojos,

los ojos húmedos, próximos a llorar.

Pero donde vayas llevarás mi dolor,

y donde yo vaya llevaré tu mirar.

 

Fuiste mía en un dulce sueño de amor,

yo fui tuyo, ¡qué idilio exultante de fervor!

Pero cuánto dolor calla el corazón,

no fuiste mía ni yo fui tuyo, ¡oh, desazón!

¡Dulce fue el sueño donde te podía amar!

¡Y cuán amarga la pesadilla del despertar!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lluvia de Melancolía

 

 

Hoy llueve en mi corazón

como llueve en la ciudad,

y qué lánguida emoción

siento en esta frialdad.

 

De la lluvia el sonido

gime en el pecho mío,

el eco afligido

de un ruego tardío.

 

Hoy llora mi corazón,

al estar lejos de ti;

¿acaso no hay para mí

gracia y compasión?

 

Y este es el mayor dolor,

que me tiene en congoja;

que no sea para mí tu amor,

y la muerte no me recoja.

 

 

 

 

 

Reflexiones en las Sombras de Pizarnik

 

 

Es la tristeza que embarga mi doliente ser,

la ansiedad que constantemente azuza

mi deseo de quererte.

Es el sufrimiento anclado

en lo más hondo de mi corazón,

y esta maldita depresión que se ha empozado

en los pocillos de mi alma,

quienes me llevaron a las páginas

de los diarios de Alejandra Pizarnik.

 

Al leerlos, de manera súbita y efímera

como es el pensamiento,

relacioné el sufrimiento de la poeta,

con mi sufrir por ti.

Tanto me dolió cada oración,

cada palabra, cada frase escrita por ella,

que mi empatía perdió la razón.

Entendí entonces la cobardía

de su valiente decisión al quitarse la vida.

Cada línea de su doliente prosa

ha quedado impregnada en mi pensamiento,

a tal punto que quisiera seguir su ejemplo,

no el de escribir un diario;

sino el de tener un idilio con la muerte.

 

 

 

 

 

Abismo de Inspiración

 

 

Impertérrito ante el apagón

del fluir de los conceptos,

mi mente queda sumida en la oscuridad.

¿Qué sucede?

Mis palabras se desvanecen,

sin ideas que las sostengan.

Mi inspiración ha caído en un abismo

lúgubre y sombrío,

donde la luz de mis pensamientos

se desvanece mientras desciende

y se hace más esquiva.

 

¿Acaso la memoria de mi corazón

te está olvidando?

Y si ese es el caso,

debo escarbar y buscarte

entre los recuerdos que yacen en mi mente;

porque mi inspiración no debe perecer,

¡tú no debes desaparecer de mi pensamiento!

¡Me niego a dejarte ir!

¡Me niego a dejar morir mi inspiración!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Visiones de un Amor Displicente

 

 

Amada mía,

Esta tarde de sol luminiscente

En el firmamento,

Me ha tomado por asalto tu recuerdo;

Puedo ver dentro de mi mente

Tu semblante augusto que figura

Un apacible corazón.

Y aunque te recuerdo

Con alegría exultante,

Súbitamente me entristece

Lo displicente que eres conmigo,

Cada vez que me ves.

 

 

 

 

 

Vacío Sin Ti

 

 

Si yo soy todo lo que tengo,

y lo que tengo lo he perdido por ti,

Dime:

¿Qué me queda entonces,

si no estás conmigo?

¡Nada!

 

En el vacío de mis días,

tu ausencia es un eco sordo,

un silencio que grita

la pérdida de lo más preciado.

En cada paso que doy,

tu sombra se alarga,

recordándome lo que fue,

lo que pudo haber sido.

 

En el fluir de mis pensamientos,

resuena tu voz ausente,

como un eco lejano

que se desvanece en el tiempo.

Y en el latido de mi corazón,

persiste el eco de tu amor perdido,

un eco que retumba

en los rincones oscuros de mi alma.

 

Pero, aunque me faltes tú,

y mi mundo se desmorone,

en la quietud de mi ser,

reside la esperanza,

la certeza de que algún día,

el dolor de tu ausencia se desvanezca,

y en su lugar,

florezca un nuevo comienzo.

 

Porque, aunque ahora sienta

que he perdido todo,

sé que, dentro de mí,

siempre habrá un espacio

donde vivirá el recuerdo de ti.

 

 

 

 

 

Eco de un Amor Lejano

 

 

Sé que tú no me recordarás

Porque tu interés por mí estribó

En lo insignificante,

Sin embargo, en mí,

Tu recuerdo es más fuerte que mi olvido,

Porque tú representas para mí

Más que una simple idea platónica.

Tú eres el alimento de mi vida diaria,

La médula de mi alma;

Y por eso,

Cuando evoco tu recuerdo,

Te recuerdo como solo un hombre enamorado

Puede recordar a un amor

Ahora ya lejano.

 

 

 

 

 

 

 

 

Suspiros de un Amor No Correspondido

 

 

Si cuando te amaba,

y tu desdén me dolía,

triste de noche y de día,

tu displicencia lloraba.

 

Si en ninguna parte hallaba

remedio a mi dolor,

pues cuando solo un favor

era paz de mis enojos,

siempre en tus ingratos ojos

hallé desinterés y desamor.

 

Si cuando pedí a los cielos

la muerte por no mirarte,

y maltratarme y culparte

eran todos mis desvelos,

supe seguido de celos

que eras la más querida.

 

Quise darte mi vida,

¿cómo puede haber

mayor mal que ser

cruelmente aborrecido?

 

Yo lo tengo por mayor,

que es difícil tu olvido,

amargo y tan querido,

como lo fue tu desamor.

 

Tengo el verte por favor,

que tu descuido me ofrece,

y aunque tu interés me aborrece,

mi alma amándote está;

pero sé que tu olvido será

mayor daño de lo que parece...

 

Y si el pedirte amor,

con desamor me convidas,

porque al fin, como me olvidas,

tú te ríes de mi amor.

 

Algún día tu amor

vendrá a tomar por partido,

amor en lugar del olvido,

y si has de aborrecer,

más quiero no ser,

que aborrecido por ti he sido.

 

 

 

 

 

Hasta el Sepulcro

 

 

Ya que no has nacido para mi

Y no he de tener jamás tu amor,

Pues, ¡Tú desprecias el mío!

Daré rienda suelta a mis penas,

En la triste soledad

En que lejos de ti me miro.

 

Intentas convencerme,

Que olvide para siempre tu atractivo,

Cuando solo con la muerte,

Sepultaré tus recuerdos

En el olvido.

 

Te lloraré eternamente,

Redoblando cada día,

El dolor de mis martirios,

Con los amargos recuerdos,

De que en un tiempo fuiste objeto,

De mis cariños.

 

Te llevaré amada mía

Hasta el sepulcro,

Como la prenda inseparable,

Del pecho mío.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre Caretas Ríe mi Dolor

 

 

Estoy riendo el dolor que siento,

Porque si no río,

Se me muere el corazón.

Y si río lo que siento,

Entonces he de reírme mucho

De mi dolor.

 

Entre caretas risueñas

Ocultaré mis penas,

Sin embargo, quiero que sepas,

Que no seré yo quien al final diga:

¡Ya te olvidé!

 

 

 

 

 

Esperando la Llamada

 

 

En la noche sombría y oscura, 

como un sueño de amor olvidado, 

se sumía mi alma melancólica, 

perdida en el abismo de la nada. 

 

Cuánto amor dormía en sus sueños, 

y cuán alerta aguardaba la llamada: 

esa voz, sin temores ni recelos, 

que supiera cómo despertarla.

 

Cuántas veces así mi amor durmió

En el fondo de mi pecho,

Esperando tu dulce voz que le diga:

¡Amado mío, despierta, levántate!

¡Hoy hace bonito día para pasear!

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos Finales Diversos

 

 

Perdóname, amada mía

Por no dejar de escribirte,

Pero mi pecho sensible,

Tiene algo que decirte.

 

Y no te escribo estas cosas,

Con ánimo de herirte,

Ni de proferirte,

Mis quejas culposas.

 

Pero, mira ¡Mi dulce amada!

Qué diferencia había

Entre yo, que por ti lloraba,

Y tú, que viéndome sufrir reías.

Pues este amor concluye,

Con dos finales diversos:

¡Tú amando a otro!

¡Yo, escribiéndote versos!

 

 

 

 

 

Desierto Nocturno

 

 

Llega la noche,

Y no encuentro asilo para mí.

Tengo sed,

Y sólo mis lágrimas tengo para beber.

Tengo hambre,

Y sólo mis tristezas tengo para comer.

Cierro mis hinchados ojos;

¡El morir es mi deseo!

Estoy circundado por un mar humano,

Y a pesar que puedo oír

De sus voces el ronco hervir,

¡Yo soy un solitario miserable!

¡El mundo está desierto para mí!

 

 

 

Desdén y Amor

 

 

Amada, no quieres darme el sí,

tu desprecio seguirá,

¿Mi corazón sufrido qué hará?

¡Sufrir un doloroso frenesí!

 

Mi alma en todo su ser,

No te guarda ningún rencor malsano,

Y aunque me heriste con tu desdén tirano,

Jamás te podré aborrecer.

 

Las estrellas en el cielo brillan,

Mas su luz no alivia mi dolor,

Cada noche en la soledad suspiran,

Mis sueños rotos por tu desamor.

 

Te entregué mi amor sincero,

En cada verso, en cada rima,

Pero recibí un frío enero,

Que congela mi pasión sublime.

 

Aunque me hieres sin cesar,

Con palabras afiladas como dagas,

Mi corazón sigue firme en amar,

Aun cuando tu indiferencia lo apagas.

 

Te veo en cada amanecer,

En cada rayo de sol que ilumina,

Y aunque tu sombra quiera desaparecer,

Mi amor por ti nunca declina.

 

No hay tormenta que apague este sentir,

Ni desdén que logre desviar,

La fuerza de mi amor latente,

Que a pesar de todo, sigue persistente.

 

Y si alguna vez decido partir,

Será llevando tu nombre en mi piel,

Porque aunque no quieras venir,

Te amaré eternamente, fiel.

 

Por ti, mi alma siempre espera,

Con esperanza y con dolor,

Aunque el destino nos separa,

Jamás dejaré de darte mi amor.

 

 

 

 

 

Dolor de un Amor No Correspondido

 

 

Cuando recuerdo que no me amas,

y reflexiono sobre lo despectiva

que fuiste conmigo;

un inmenso dolor se apodera

de mi alma,

y un lacerante sufrir

desgarra mi corazón.

 

Se nubla mi mirar,

mis ojos llueven;

entonces me invade el terrible

deseo,

de tirar todos mis preciados libros

a la basura,

e irme a morir,

al rincón más triste y olvidado

de mi habitación.

 

 

 

 

 

El Dolor de Estar Vivo

 

 

Dichoso el árbol,

que es apenas sensitivo.

Dichosa la roca que, siendo inerte,

no siente absolutamente nada;

pues, no hay mayor dolor

que el dolor de estar vivo,

y mi mayor pesadilla

es la misma vida,

consciente de vivirla sin ti.

 

 

 

Anhelo de Reciprocidad

 

 

Si tan sólo hubiera

un ápice de interés de ti hacia mí;

erguiría mi ego,

y con el pecho insuflado de orgullo

pregonaría:

¡Que tú eres mía!

¡Y que yo soy de ti!

 

Si tus ojos se posaran en mí

con una chispa de cariño,

mi alma florecería,

como el desierto ante la lluvia,

y en cada suspiro mío

llevaría tu nombre grabado.

 

Si tus palabras fueran suaves

como la brisa en el verano,

mis días se teñirían de alegría,

mis noches se llenarían de paz,

y en cada latido de mi pecho

resonaría tu voz.

 

Si tu mano buscara la mía

en un gesto de ternura,

mi corazón encontraría su refugio,

y mis dudas se disiparían,

como las sombras al amanecer,

sabiendo que somos uno.

 

Pero, mientras tanto,

me consumo en este anhelo,

esperando el día en que digas:

¡Que tú eres mía!

¡Y que yo soy de ti!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Círculos del Mundo

 

 

Sin sentir por ti,

ningún tipo de animadversión,

ni desearte un mal que no deseo;

pues el mundo es redondo

y da vueltas,

y de tanto dar vueltas…

Sentirás lo que yo sentí,

pasarás lo que yo pasé,

serás lo que yo fui,

sufrirás lo que yo sufrí,

gozarás lo que yo gocé;

porque en esto, lo que yo sentí,

¡Tú reíste! ¡Yo lloré!

¡Te mantuviste en pie! ¡Yo caí!

 

 

 

 

 

Mar Adentro

 

 

¡Mar adentro!

Me hallo en medio de un embravecido mar,

en medio de un turbulento océano.

La tristeza vino de la mano con el dolor,

y a este le ha seguido la depresión;

y él me ha llevado mar adentro.

 

Las razones pueden parecer nimias,

vacuas simplezas,

pero cuando la razón cede a la emoción,

lo seguro es que el naufragio

será mar adentro.

 

Relámpagos fulgentes,

cual lanzas luminiscentes,

hieren al mar embravecido.

Con las fuerzas que aún me quedan

lucho por no ahogarme;

pero sé que al final,

¡el cansancio decidirá mi destino!

 

Las olas rugen, heladas y feroces,

golpeando mi cuerpo cansado,

mientras el viento aúlla

susurros de desolación.

La sal en mis labios arde,

recordándome la amargura

de cada lágrima derramada.

 

Nubes oscuras cubren el cielo,

borrando todo rastro de esperanza.

Solo queda la lucha,

desesperada,

contra el inexorable avance del agotamiento.

 

Por cada brazada, el mar

parece extenderse sin fin,

un vasto abismo que devora la esperanza.

Mis manos se aferran a la espuma,

buscando algún ancla, algún alivio.

Pero en este mar de tristeza,

sé que estoy solo,

mar adentro.

 

 

 

 

 

Diecinueve Días y Quinientas Noches

 

 

Han pasado diecinueve días

y quinientas noches,

y aún no he aprendido

a olvidarte.

 

Hay una razón lógica

para este lento entendimiento,

para este pausado aprender;

y es que, de alguna forma,

aún me siento atraído por el influjo

de tu atractivo.

¡Tu atractivo!

Esa esencia de tu personalidad,

que te vuelve ¡ÚNICA!

 

 

Profunda es la Pena

 

 

Profunda es la pena

que atormenta mi existir;

en mi diario vivir,

tu ausencia es mi condena.

 

Tu recuerdo, mi delirio,

que convierte en martirio

cada instante de mi vida,

¡por ti, mujer querida!

 

Que, en mi corazón,

¡eres mi adoración!

 

 

 

 

En el Cementerio del Desamor

 

 

No es posible estar peor;

la aflicción en mi pecho cunde,

tu desamor me causa tal dolor

y tu apatía lo difunde.

Puesto que vivo sin tu amor,

preciso será que funde

un reinado en el misterio

y un agujero en el cementerio.

 

No puedo menos que estar triste;

la expresión en mi rostro solo denota

un dolor lacerante que aún persiste

en mi corazón y que brota

lágrimas a mares y que persiste

en este corazón, corazón de idiota.

Tu desdén es como un improperio

que me lleva derechito al cementerio.

 

Cuánto me duele que veas

mi moral por los suelos, mis virtudes,

y yo ver en ti cómo empleas

la vileza del desdén como aptitudes.

Mientras yo ruego porque seas

tú quien mitigue mis inquietudes;

sin embargo, vivo en cautiverio,

vivo muerto en un cementerio.

 

Me da grima ver en su apogeo

los resabios disolutos

de sentimientos superficiales que veo,

donde lo deletéreo de sus frutos

solo apetecen el deseo

de desengaños absolutos.

Sí he de vivir con tal improperio,

feliz he de estar en el cementerio.

 

Verdad que tengo el rostro adusto,

mis actos no son a la par iguales,

pero siempre procuro ser justo,

ceñido a las normas legales.

Y aunque tu desprecio fue injusto,

no eres la culpable de todos mis males.

Y si hay en tu desdén algún vituperio,

muerto deseo estar en el cementerio.

 

Hollado por tu desamor,

mi pecho nunca para de sufrir,

pues te amo y no alcanzo tu favor;

dime: ¿con qué más me puedes herir?

Mi cuerpo frío necesita tu calor,

¿Qué súplicas te debo yo pedir?

Vivir en este cautiverio

es vivir en el cementerio.

 

Si hubiera un dios que de mí se acordara,

¡Ay! la muerte entonces…

El sueño eterno facilitara,

y así, en libertad, mis goces,

todo cuanto por ti siento, dejara.

Mas lloro lágrimas de bronces

por tu desdén que fue un vituperio

que me lleva al cementerio.

 

En el silencio de este camposanto,

mi corazón yace en letargo profundo,

rodeado de sombras que dan espanto,

en el vacío de este mundo moribundo.

Pero, aun así, en mi última plegaria,

te libero del peso de mi desdén,

y en la eternidad de mi solitaria calma,

te deseo la paz que tanto anhelé.

Del Sueño a la Desesperación

 

 

Ayer, que fue septiembre y la primavera fue lozana,

ayer cuando te conocí y vi tu mirada arcana;

la noche estuvo despejada y la luna parecía seguir

al sol, corriendo por la extensión lejana…

¡Ayer quise reír!

 

Hoy, que cae la tarde encendida,

y que el ocaso anuncia una frágil canción de vida,

en el cielo grisáceo que no dejo de mirar,

hoy, que recuerdo el ayer con el alma afligida…

¡Hoy quiero llorar!

 

Hoy también, que el cielo se muestra violento,

hoy que anuncia tu partida el viento,

y el volver a verte se reduce al número cero;

hoy, que nada puede mitigar mi lamento…

¡Hoy, sinceramente, desespero!

 

Ahora que la noche me trae una trágica duda,

en la que mi alma vaga llamándote muda,

ahora que estás ausente, siento venir

la inmensa tristeza desnuda…

¡Ahora, quiero morir!

 

 

 

 

 

Más Allá del Dolor

 

 

Si mi consciencia no tuviera

la certeza de que mi vida

tiene un fin,

y mi corazón de hombre

no conociera el sufrimiento

y el dolor;

quizá no se me ocurriría

preguntarte:

¿Por qué aún no te puedo olvidar?

 

Si mis días no se llenaran

de recuerdos y nostalgias,

y mis noches no se vieran

envueltas en soledad;

quizá no sentiría

este anhelo que me consume,

esta llama que no se apaga,

por más que intento sofocar.

 

Si el tiempo no dejara huellas

en el alma y en la piel,

y el eco de tu risa

no resonara en mi ser;

quizá no buscaría

tu rostro entre la gente,

ni ansiaría tu presencia

como el aire para respirar.

 

Pero aquí estoy,

consciente de mi finitud,

sufriendo en silencio

y preguntándome cada día:

¿Por qué aún no te puedo olvidar?

 

 

 

 

 

El Último Abrazo

 

 

Sólo un abrazo tuyo,

y le devolverías a mi alma

la paz que ha perdido,

la que necesita para sentirse bien.

 

Sólo un abrazo tuyo,

y mi mente hallaría la calma

que tanto ansía en la tormenta

de recuerdos que no cesan de doler.

 

Sólo un abrazo tuyo,

y las lágrimas que contengo

se convertirían en suspiros de alivio,

dando paso a un momento de paz.

 

Sólo un abrazo tuyo,

y el tiempo se detendría un instante,

congelando el amor que aún late,

aunque sólo sea en mi pecho.

 

Sólo un abrazo tuyo,

y podría enfrentar la soledad

con la fortaleza de saber

que alguna vez me diste tu calor.

 

Sólo un abrazo tuyo,

y este dolor tan profundo

se desvanecería en el eco

de tu último adiós, pero en paz.

 

Sólo un abrazo tuyo,

y aliviarías el dolor de mi corazón.

No importa si después no te vuelvo a ver,

al menos déjame terminar esta historia

con un último abrazo tuyo.

 

 

 

 

 

Suspiros de Desamor

 

 

Si te ríes de algo,

de mis penas te ríes,

porque muero por amarte

y muero triste.

 

Cuando el alba miro

con alegre risa,

mi pena me avisa

que por ti suspiro;

 

pero no me admiro

de verte reír

ni de presumir

que de mí te ríes,

porque muero por amarte

y muero triste.

 

Te ríes de verme

con cien mil pesares,

los ojos, dos mares

viendo aborrecerme.

 

Cuando ingrata duermes,

amada, querida dueña,

mis penas tu alma sueña,

y más inicua te ríes

porque muero por amarte

y muero triste.

 

Ríes al ver que digo

que no tengo tu amor

cuando tu rigor

en secreto sigo.

 

Por haberme obligado

a tratarme bien,

a tu mismo desdén

que por matarme vive;

porque muero por amarte

y muero triste.

 

Ríes porque no dejo

desear estar contigo

y no lo consigo;

por lo que me quejo,

 

y pido consejo

de superar el

desprecio cruel

que ufano me sigue...

porque muero por amarte

y muero triste.

 

Ríes al ver mis ojos

que reverberan tu belleza,

cuando mi firmeza

me da mil enojos,

 

al verte, se hacen despojos,

tiritando de pasión,

me matan a traición

tus bellos y finos ojos,

porque muero por amarte

y muero triste.

 

Ríes porque procuro

encubrir mis celos,

que estoy sin desvelos

cuando miento y juro,

 

el amor tan puro

que yo te profeso;

pena no me da eso,

lo que sí da pena...

porque tu desamor ordena

mi muerte triste:

porque muero por amarte

y muero triste.

 

 

 

 

 

La Imposibilidad de Olvidarte

 

 

Si realmente deseo olvidarme de ti,

tendría que deshacerme de todas tus fotografías,

tendría que ser un iconoclasta;

sin embargo,

mi corazón ante tu imagen se prosterna.

 

Mi mente no puede rechazar tu imagen,

tú vives en ella y, perennemente,

te veo tan lúcida,

bien definida y regular.

 

La sombra necesita de la luz para existir,

y tu recuerdo, cómo la sombra,

necesita de la luz de tu imagen,

y este habita en un espacio especial

dentro de mi memoria.

 

Como una sombra persistente,

se alimenta de la claridad de mi pensar,

y me resulta imposible sacarte de mi mente,

deshacerme de tu imagen,

mientras exista la luz de mi razón.

 

Cada rincón oscuro de mi ser

es bañado por el resplandor de tu recuerdo,

como si tu presencia se refugiara

en las grietas de mi conciencia,

 

y mi alma,

como una cámara oculta,

te conserva en alta definición,

indefensa ante la luz

que tu imagen proyecta sobre ella.

 

¿De qué sirve cerrar los ojos,

sí al abrirlos te veo con más claridad?

Cada pensamiento, cada rincón de mi mente,

es territorio conquistado por tu sombra.

 

En este espacio,

el olvido no tiene cabida,

porque, aunque intente huir de tu reflejo,

tu luz sigue tocando mi piel

como la tibieza del sol al amanecer.

 

Quizá la verdad sea esta:

no puedo olvidarte,

porque al despojarme de tus recuerdos,

me quedaría vacío,

como una estrella sin su luz,

o un alma errante sin su sombra.

 

Y por más que lo intente,

tu imagen permanece

como la sombra que no se puede disipar,

mientras siga existiendo la luz de mi razón.

 

 

 

 

 

Flores Secas en el Jardín del Corazón

 

 

Sólo un incesante instante dura la vida,

por breve tiempo se presenta

la gloria del amor.

 

Ninguna mujer me embelesó

a tal punto de haberme hecho

abandonar mi soledad.

 

¡Sólo tú!

¡Y no correspondiste a mi amor!

¡Tus flores hermosas!

Fueron para mí,

¡flores secas!

 

Tanto tiempo te había esperado,

mi bella rosa,

tanto tiempo imaginé

tu belleza ataviando el jardín

de mis ensueños,

con florecimiento, con verdor.

 

Sin embargo,

todo lo que florecía en la realidad,

lo que retoñaba

en el jardín de tu corazón,

eran para mí,

¡tus flores secas!

 

 

 

 

 

Interés Superfluo

 

 

Es tan triste saber que tu interés por mí

fue como el interés

que las personas ordinarias sienten

hacia las cosas superfluas.

 

Las cosas superfluas

no saben que uno existe,

y tu afecto, efímero y distante,

fue sólo una sombra pasajera

en un rincón olvidado.

 

Como un brillo en una noche sin estrellas,

tu atención se desvaneció

en la inmensidad de lo trivial,

dejando sólo un ápice de interés

que nunca llegó a ser profundo.

 

Ahora, miro hacia atrás

y veo que tu interés

era un espejismo en el desierto,

una ilusión que apenas tocó

la superficie de mi ser.

 

A veces, me pregunto

si alguna vez conociste

la esencia de mi alma

o si solo viste un reflejo

en la penumbra de tu indiferencia.

 

El interés superfluo es como un eco

que se pierde en el viento,

y me dejo llevar por la certeza

de que, en el fondo,

nunca estuviste realmente aquí.

 

 

 

 

 

Prístina Esencia

 

 

Ayer te vi después de mucho tiempo,

y el corazón se me detuvo por un instante.

Reconocí de inmediato

las cualidades por las cuales

me había enamorado de ti.

 

El despecho me dice que:

¡Tienes algo de nuevo y algo de bueno!

Con la circunstancia,

¡de que lo nuevo no es bueno!

¡Y lo bueno no es nuevo!

 

Sin embargo, eres tú,

en tu prístina esencia;

y he pasado mis lúgubres días sin ti,

sin recordarte un solo día…

pues:

¡No te recuerdo, porque aún no te olvido!

 

 

 

 

 

Desdicha y Desdén

 

 

Corazón, en tus desdichados años,

fuiste blanco de venganzas,

te faltaron esperanzas

y te sobraron desengaños.

 

Ten por ventura tus daños,

pues este te fortaleció;

pero el descuido te quitó

de temer a quien has amado,

pues no teme un desdichado

a quien tanto en la vida amó.

 

Mujer, en ti mis desdichas vi;

pues yo tanto te amé,

y aunque mi tormento hallé,

donde menos lo temí.

 

Lo contrario pasó en ti,

pues la ventura siempre trata

de embellecerte y no maltrata

tu delicado cuerpo de mujer,

irradiando en todo tu ser

una hermosura múltiple que arrebata,

de los mismos ángeles la pureza;

y he allí, la razón de tu belleza.

 

Para ti, apenas fui un gusano en el suelo,

despreciado con todo tu rigor,

alejado de tu afecto, de tu primor;

triste sufro mi desconsuelo.

 

Desdeñosas anduvieron tú y el cielo,

y aun antes de castigarme,

en amarte y no amarme;

pues pudiste sospechar

que te gustaba dar

miradas de desdén para matarme.

 

Tú andas con viva esperanza,

yo, con muerto cuidado.

Tú ríes el bien pasado,

yo lloro la presente mudanza.

 

No hallo humana confianza,

estable, firme y segura.

El cielo te dio esa hermosura,

y fuera mucha extrañeza

no advertir tanta belleza,

teniendo tanta ventura.

 

El cielo a ti te dio

la vida, pero a mí,

lo que en ti yo vi,

nunca me lo concedió.

 

Mas tu desdén me quitó

lo más valioso para mí;

pues quise amar lo que vi,

y vi lo que me mató.

 

En mi pena sólo yo

me doy el mayor castigo,

yo mismo, a mí me persigo,

y aunque mi muerte recele,

pues tu desprecio suele

aborrecer de estar conmigo.

 

Amargamente lloro mi caída,

lloro mi suerte triste;

en esto que yo sentí,

tú nada perdiste…

Yo, la esperanza y la vida;

las dos las vi perdida,

pues tú lo quisiste así.

 

Un día sentirás lo que yo sentí,

pasarás lo que yo pasé,

serás lo que yo fui,

sufrirás lo que yo sufrí,

gozarás lo que yo gocé;

porque en esto, lo que yo sentí,

¡Tú reíste! ¡Yo lloré!

¡Te mantuviste en pie! ¡Yo caí!

 

 

 

 

 

 

Dualidad de la Soledad

 

 

En la soledad,

yo soy uno conmigo,

y me basta esa compañía;

sin embargo,

hay momentos y circunstancias

en que esta soledad

se siente menos completa,

necesitando de tu compañía

para afirmarse.

 

A veces, el silencio se vuelve abrumador,

y la soledad se convierte en un vacío,

que anhela el calor de tu presencia

para darle sentido a su ser.

Es en esos instantes,

que el perfume de tu esencia

es el único bálsamo

que calma la dualidad de la soledad.

 

 

 

 

 

Resaca Cultural

 

 

Tuve que embriagarme

de abundante literatura,

buscando escapar de mi realidad.

Pero al amanecer,

la resaca cultural se hizo presente,

y mi realidad seguía inmutable,

circundada por tu dolorosa ausencia

y una melancolía irremisible.

 

 

 

 

 

 

 

 

Te Recuerdo

 

 

Hoy hurgo en mi memoria,

y te recuerdo.

Las lágrimas que inundan mis ojos

revelan que mi pecho

sigue anhelando

tu presencia en mis pensamientos,

y que tu ausencia aún me duele.

 

El cielo está gris y triste,

como mi alma,

desde el día en que te fuiste;

desde que las agujas

en los relojes giran,

sin ti en el tiempo.

 

No veo las llamas vivas,

ni siento la calidez del sol.

No percibo el latido en mi pecho,

ni escalofríos de un malestar.

 

Sigo soñando despierto

con el anhelo de que algún día estés

aquí a mi lado.

Y lo sé,

sé que tú ya me has olvidado,

aunque nunca hallas guardado

un recuerdo de mí.

 

No pude despertar tu interés,

pues no permitiste que me acercara a ti.

Tus ojos no me miraron

con la misma locura,

pero yo perdí la cordura

al pensar que, como yo,

tú, también me podrías amar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Odio Poético

 

 

Si no te amara como te amo,

te odiaría con un odio,

más digno de un demonio,

que de un hombre.

 

Y por ser poeta,

un aedo anacoreta,

te odiaría con un odio,

también poético.

 

En las sombras de mi alma,

ardería un fuego bermejo,

consumiendo los cariños

del que un día fuiste objeto.

 

En cada verso escrito,

en cada lira entonada,

resonaría el eco maldito

de mi alma enamorada.

 

que se volvió ceniza;

consumido en el fuego,

de tu desdén y que luego

dispersó la brisa.

 

de un odio que brota

de la misma fuente

donde nació el amor.

 

Pero en este lío de emociones,

en esta dualidad de odio y amor,

mi corazón de poeta

puede escribir que te odia;

 

más,

mi corazón de hombre te ama.

Y aunque esté sumido en un infierno,

encuentro en ese averno

un paraíso de amor por ti.

 

Así que, aunque te ame

con la intensidad de mil soles,

y te odie con la furia de mil tormentas,

sé que, al final del día,

soy el poeta que escribe que te odia,

pero soy más el hombre que te ama,

en este infierno

que yo solo me fabriqué.

 

 

 

 

 

Adiós Irremisible

 

 

Ha llegado el momento que tanto temí,

el instante en que nuestros caminos se separan.

Un miedo inefable y un dolor agudo

toman por asalto mi mente,

y laceran mi corazón.

 

Mi razón se nubla, mis emociones hierven;

entonces hace su presencia la depresión,

que sin piedad me sobrepasa.

¡Te vas! ¡Nunca más te volveré a ver!

Yo me quedo solo con este sentimiento,

(sentimiento que nunca supiste corresponder)

 

y con este dolor irremisible,

por tu incapacidad de amar.

Dejaré que el tiempo se encargue de mi sufrir;

¡El tiempo lo cura todo!

¡Mentira!

El tiempo por sí solo,

no apaga el tormento.

 

Debo tomar una decisión

y hacer lo que tenga que hacer

para olvidarte;

aunque sé en el fondo de mi ser,

lo imposible que será tu olvido.

 

¡Adiós amada!

Con dolor y en silencio,

y desde el fondo afligido de mi corazón,

¡Te dice adiós un niño!

 

Y tú, más fría que el mármol a mis quejas,

y con todo el desdén

y lo despectiva que fuiste conmigo;

desde ya hacía mucho tiempo

tu corazón ingrato

me había dicho… ¡Adiós!

 

 

 

 

 

En Busca del Amor Perdido

 

 

Una mujer he conocido,

y la perdí en un momento;

la busco por las calles atento,

sin poderla encontrar.

Pues ella tiene por nombre,

por su rostro tan hermoso:

Marsha, nombre armonioso,

que habla con su beldad.

 

En cada esquina la evoco,

con la esperanza en mi pecho,

que aparezca en algún trecho,

Marsha, mi amor, mi desvelo.

La ciudad se torna un laberinto,

donde mis pasos sin guía

se pierden cada día

tras el susurro de su nombre.

 

Mas no pierdo la esperanza,

ni la fe que me acompaña;

pues mi intuición no me engaña,

que ella es la indicada.

Y sé que, en algún momento,

bajo la luna o el sol radiante,

llegará el dulce instante

en que hallaré a mi beldad.

 

Una sombra en cada esquina,

un reflejo en cada calle;

cada indicio, cada detalle

me sirven para llegar hasta ella.

Los días se tornan años

en la espera de su encuentro;

más sólo el desencuentro

es en mi anhelo, mi tormento.

 

Marsha, estrella esquiva,

en el firmamento de mi vida;

tu ausencia la tristeza convida

a mi corazón que por hallarte sufre.

Pero seguiré buscándote,

en el crepúsculo, en el alba,

hasta que mi triste alma

se cruce con tu destino.

 

Una mujer he conocido,

y la perdí en un momento;

la busco por las calles atento,

sin poderla encontrar.

La ciudad es mi testigo

de este amor sin frontera

que busca a su quimera

en cada trecho del camino.

 

 

 

 

 

El Precio de Amarte

 

 

Tenía que encontrarte en mi camino,

para saber lo que es el dolor;

pues sintiendo un amor casi divino,

me clavas el puñal de tu desamor.

 

Llorando estoy mi sufrir impío,

porque te amo con locura humana.

Este amor que late en el pecho mío,

fluye del manantial que tu belleza emana.

 

¿No he despertado en ti, la fiebre de amor,

que arda y responda a mis pretensiones?

Dime: ¡Cuál es la clave, por favor,

para que atiendas mis intenciones!

 

Sin quererlo, eres inconsciente,

del sufrimiento y el dolor ajeno.

Ríes por la vida tan indiferente,

a la agonía de beber tu veneno.

 

Veneno que es dulce y es amargo,

veneno que me da la vida y me la quita,

veneno que me sume en el letargo,

y prosterna mi alma en actitud contrita.

 

¿Por qué, si tú eres mi ensueño,

mi dulce musa adorada,

me dices que tienes otro dueño,

de quien estás enamorada?

 

Yo te amaré, aunque esté derrotado,

yo soportaré que tu amor no sea mío;

pues tú eres mi ser más amado,

de quien me he enamorado hasta el delirio.

 

Así de triste es mi vida y así pago,

el amar a la mujer de mis sueños.

En tu propio desamor yo naufrago,

y veo ahogarse todos mis ensueños.

 

 

 

 

 

El Engaño de la Vanidad

 

 

Ayer naciste y morirás mañana,

más tu belleza morirá antes que tu vida.

¿Para tan exiguo vivir te ves lozana?

Si no sabes amar, seca estás, mujer querida.

 

Que no te engañe tu hermosura vana,

que por eso eres negligente y fementida;

porque tu belleza lleva escondida,

la ocasión de una muerte temprana.

 

Te engañas si piensas que, por hermosa,

tienes eterna la hermosura y la vida,

tu belleza, efímera la verás desvanecida;

 

y aunque tu vida sea por demás añosa,

sin tu belleza, esquiva será tu suerte,

sentirás de la realidad su mano fuerte.

La Noche en que Morí

 

 

Una noche,

una noche como esta,

toda llena de murmullos,

de fragancia, de perfumes,

de música alada,

batiéndose en la bruma helada;

te conocí.

 

Una noche,

una noche en que ardía

la sombra glacial y húmeda

de tus luminosos ojos café,

mi vida,

quedó prendida,

de ti.

 

Una noche,

una noche como esta,

mi corazón ceñido al tuyo,

y, sin embargo, triste y lloroso,

afligido y temeroso,

en el que sentía tu altivez,

yo sufrí.

 

Una noche,

una noche como esta,

hasta el más secreto fondo

de las fibras de mi corazón,

se agitaron en la onda florecida

de mi amor por ti y me desdeñaste;

esa noche, como esta,

yo morí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Identidad Inasible

 

 

Espíritu sin nombre,

desconocida esencia,

idea sin forma,

forma sin pensamiento;

¡Ese soy yo!

 

Navegando en sombras,
sin puerto ni destino,
halito de un suspiro,
viento en desatino;
¡Ese soy yo!

 

Sin rostro ni huella,
fantasma del ayer,
deseo sin carne,
recuerdo sin poder;
¡Ese soy yo!

 

Silencio en la multitud,
grito en el vacío,
mirada sin ojos,
corazón sin latido;
¡Ese soy yo!

 

Reflejo de la nada,
mirada sin visión,
alma en penumbra,
sueño sin razón;
¡Ese soy yo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resiliencia en la tristeza

 

 

Le he concedido a la tristeza

invadir de vez en cuando

la desolada sensibilidad

de mi corazón.

 

Pues he descubierto que,

tras los momentos más tristes

de mi vida, yacía oculta dentro de mí

una sobrehumana resiliencia.

 

La tristeza me ha hecho entender

que incluso una vida feliz

lleva consigo una cierta oscuridad

para lograr el equilibrio.

 

Y que el mismo término “feliz”

perdería todo su sentido

si no se viera compensado

con una cierta dosis de tristeza.

 

Es en los días grises,

cuando el sol aparece ausente,

que he aprendido a valorar

el brillo de cada rayo.

 

Las lágrimas que he derramado

son el líquido que ha hecho germinar

las semillas de mi fortaleza,

y estas han florecido en sabiduría.

 

La tristeza, ¡mi amiga silenciosa!,

me muestra el camino

hacia una comprensión más profunda

de lo que soy yo, como ser humano.

 

He aceptado la melancolía,

he abrazado la tristeza en su totalidad,

reconociendo que también en ella

habita, tras la sombra, la belleza.

 

 

 

 

Reflejos de un Amor Perdido

 

 

Quién me dijera, amor mío,

que por ti perdería los sentidos.

Tu amor, quién me dijera,

ahogaría en mi pecho los latidos.

 

Quién me dijera, mi amor,

que en ti se trocaría negra mi suerte,

que mi alma desolada sentiría dolor

y mi cuerpo anhelaría la muerte.

 

Quién me dijera, en esta soledad,

que amarte traería tanta ansiedad,

que cada día sin ti sería un tormento,

una agonía que consume mi aliento.

 

Quién me dijera que, en cada llanto,

vertería mi frustración con espanto,

que amarte abriría una herida

que nunca cerraría en mi vida.

 

Quién me dijera, en la penumbra de mi ser,

que tu recuerdo me haría desfallecer,

que, en la noche fría, sin tu amor,

mi corazón clamaría tu calor.

 

Quién me dijera, que tu voz en mi mente,

tu sonrisa sería un sueño ausente.

Quién me dijera que, por ti, amor eterno,

se abriría para mí el infierno.

 

Quién me dijera, amor mío,

que tu ausencia sería mi vacío,

que, de pasar tanto tiempo sin verte,

mi alma se consumiría en la muerte.

 

Quién me lo dijera, mi primor,

que al amarte perdería mi propio amor.

¡Pues hoy me lo dice con suspiro

el reflejo en el espejo en que me miro!

 

 

 

 

El Ultimo Destello de mi Juventud

 

 

Se llena mi joven fantasía

con la imagen de una vida viva,

que en mi pasado resplandecía

sobre mi existencia sensitiva.

 

“Juventud, divino tesoro,

te alejas, para nunca volver.

Cuando quiero llorar, no lloro,

y a veces lloro sin querer.”

 

Los versos de Rubén Darío

reflejan mi sentir profundo;

mis años pasan sin alivio,

buscando sentido en este mundo.

 

Cuarenta años hace

que recorro este mundo,

y con pesar profundo,

he vivido poco,

me he cansado mucho.

 

Se nublan mis pupilas,

mis ojos pugnan por llorar,

pues en este jardín de mustias lilas

se va mi juventud, sin poderte amar.

 

 

 

 

 

Mi Agonía en la Ausencia de tu Amor

 

 

Me dejaste con el corazón inerte,

sin embargo, en mi dolor creciente,

tenía como opción inminente

el abrazo frío de la muerte.

 

¿Cómo escapar de tus recuerdos?

¿Acabar con mi vida es solución?

¿No desea mi corazón

hallar un acuerdo con mi razón?

 

No hay espacio para la emoción,

cuando se ha sido vilmente herido;

cuando el alma, de pena abatido,

padece la triste desolación.

 

Si pudieras ver mis sufrimientos,

y conocer los agravios vividos,

entenderías los males sufridos,

que lastimaron mis sentimientos.

 

Sin embargo, te amo, es mi verdad.

Quisiera volver a encontrarte,

y sin temor de volver a perderte,

te amaría hasta la eternidad.

 

Pero estás ausente, y así vivir,

debo soportar mi triste presente,

desangrándome lentamente,

en dolorosa agonía, hasta morir.

 

 

 

 

 

La Aparente Gentileza del Amor

 

 

¿Para qué volví a enamorarme?

¿Para qué?

¿Para sentir un nuevo dolor,

al ver cómo mi alegría

se transforma en tristeza?

 

Tu desdén se ha deleitado con mi angustia,

ha alimentado mi ansiedad;

ha nutrido mis ojos de lágrimas,

y ha convertido mis suspiros

en un hálito constante de lamentos.

 

Un amor odioso,

un odio amoroso,

es lo que siento ahora.

Pues el amor,

tan gentil en apariencia,

se ha revelado cruel y tirana

en su verdadera prueba.

 

 

Quisiera que Comprendas

 

 

Quisiera que comprendas,

la razón de mis lágrimas;

que cada suspiro que lanzo por ti,

me arrastra al borde de un abismo sin fin.

 

Quisiera que comprendas,

cómo el peso de tu ausencia,

ha oprimido mi alma, volviendo,

insoportable mis ganas de vivir.

 

Quisiera que comprendas,

que tu partida ha dejado,

en mi alma, una huella imborrable,

y en mi corazón un sentimiento vulnerable.

 

Quisiera que comprendas,

que aun eres ese anhelo,

que arde en lo profundo de mi ser,

a pesar del dolor y del amargo querer.

 

Quisiera que comprendas,

en esta confesión final,

que, aunque el tiempo pase,

y la distancia sea mortal,

mi amor por ti perdura, eterno y sincero,

Y así será, hasta mi día final.

 

 

 

 

 

El Valor del Alma Sensible

 

 

Un alma sensible tiene de por sí,

un cuerpo en constante

sufrimiento.

Sin embargo, posee una mente fuerte

y valiente para soportarlo,

y nada puede ser considerado cobarde

en una persona con esas cualidades,

ni siquiera cuando ronda

por la mente,

la aparente cobardía

del suicidio.

 

Un corazón frágil lleva consigo

las cicatrices de mil batallas,

de luchas internas que nunca cesan,

de heridas que no sanan.

Y, aun así, late con valentía,

aferrándose a cada amanecer,

buscando en la oscuridad

una chispa de luz para seguir.

 

El peso de las lágrimas no derramadas

oprime el alma sin tregua,

pero en cada lágrima contenida

hay una fuerza indescriptible,

un coraje que desafía al dolor,

que enfrenta la noche más oscura

sin perder la esperanza

de un nuevo amanecer.

 

Porque un alma sensible,

aunque quebrada, no se rinde.

Se levanta con la fuerza de un suspiro,

con la resistencia de quien sabe

que vivir es un acto de valentía,

y que cada latido es un grito

silencioso de supervivencia

en un mundo que no siempre comprende.

 

Así, un alma sensible,

aunque a veces anhele

el fin del dolor y la tristeza,

sabe que la vida es una batalla

que vale la pena librar,

y que incluso en los momentos

de mayor desesperación,

hay un hilo tenue de esperanza

que la sostiene y la impulsa a continuar.

 

 

 

 

 

El Valor del Amor Verdadero

 

 

Tengo la suficiente humildad

como para aceptar

que no estuve a la altura

de tus expectativas;

pero también tengo el ego

insuflado de orgullo

como para decirte:

que no encontrarás a otro

¡que te ame como yo!

 

Reconozco mis defectos

y las sombras de mi carácter,

mis errores son huellas

en un camino torcido,

pero en cada falta, en cada grieta,

late un amor profundo y sincero

que desafía la perfección,

que abraza la imperfección.

 

Tu búsqueda de un ideal

puede llevarte lejos,

por caminos que parecen dorados,

pero el oro no siempre es verdadero.

En mi amor imperfecto,

en mis defectos y caídas,

hay una pasión única,

que no hallarás en ningún otro.

 

No prometo ser el héroe

de un cuento perfecto,

ni el ideal de una fantasía;

pero sí te ofrezco un amor

que ha sobrevivido a la prueba del tiempo,

un amor que, con todas sus imperfecciones,

ha intentado ser lo más verdadero.

 

Así que, si decides partir,

sí buscas en otros brazos

lo que no pude dar,

lleva contigo la certeza

de que, en medio de mis fallos,

te he dado lo mejor de mí,

y en ese amor imperfecto,

has encontrado un reflejo

que no se repetirá en ningún otro lugar.

 

 

 

 

 

La soledad de la muerte

 

 

No veo a la muerte,
como muchos lo hacen;
temida, espantosa,
horrible y arrebatadora.


Como yo, la muerte,

es una sombra solitaria,

carente de afecto,

errante en la penumbra,

perdida en su tristeza.


Anhelante de compañía,

a pesar de su innúmera grey;

en ningún alma ha hallado

calor que disipe su frío;

un consuelo para él.

 

¡El necesita un amigo!
¡Yo necesito un amigo!
sí nuestros caminos se cruzarán,

encontraríamos juntos,
la compañía que nos falta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Corazón Inútil

 

 

Yo, era incapaz de amar,

porque amar significaba:

“entregarse uno mismo”,

y yo no tenía,

ningún uno mismo

que entregar.

 

En mi lúgubre soledad,

viví sin saber amar,

con el corazón vacío,

sin apetencia de buscar

en otros lo que en mí,

nunca pude encontrar.

 

Mi corazón, un músculo torpe,

apenas sabía palpitar,

ignorante de caricias

y del dulce suspirar.

No sabía de las dichas

que el amor puede brindar.

 

Mi corazón, cándido como es,

jamás supo que el amor,

tan gentil en la apariencia,

escondía tras de sí;

tras esa máscara risueña,

un sufrimiento acerbo y vil.

 

¿Dónde quedó mi alma ahora

después de conocer el amor?

¿Perdida en el olvido?

¿Cómo quedó mi corazón ahora

después de amar y no ser amado?

¿Destrozado y envilecido?

 

No tengo ya nada que entregar;

vivo con el temor

de haber sido herido.

No hay amor en mí,

solo un frío sin sentido.

 

 

 

La Herida que Nunca Sanó

 

 

Tanto sufrí por el amor perdido,

por el abrazo de una mujer distante,

que en cada latido de mi ser herido

el eco del dolor fue lo constante.

 

Creí que su amor era lo que anhelaba,

que su afecto sanaría mi quebranto,

pero dentro de mí, algo susurraba,

una voz que evitaba, con espanto.

 

Esa voz que en silencio me hablaba,

un murmullo ahogado de mi interior,

era el grito de un alma que clamaba

por una caricia, por un poco de amor.

 

Reflexioné en las sombras de mi mente,

en las causas y los ecos del dolor,

y descubrí la verdad, latente,

que se ocultaba tras mi propio clamor.

 

No era su amor lo que en mí dolía,

no era su ausencia lo que me quebraba;

era otro vacío el que yo sentía,

era el amor de mis padres lo que faltaba.

 

La caricia materna que jamás llegó,

el afecto paterno que nunca se mostró,

fue la herida que mi alma ocultó,

la que nunca en mi vida se cerró.

 

 

 

 

 

“Una vez te escribí que mis liras, mis prosas y mis poemas, cada palabra que nace de tu inspiración, te pertenecen; Ninguna mujer más que tu tendrá este honor de mi parte. Y hoy te reitero: A nadie más le pertenecerá mi corazón, solo a ti, hasta que deje de latir un día y mis huesos se conviertan en polvo.”

 

 

El Romance de las Rarezas: Esperando un amor que no espero.

 

 

En la quietud de mi corazón, el romance nunca ha hallado morada. Cada idilio amoroso se ha deslizado por mis sentimientos como un suspiro, apenas rozando la superficie de mi ser. Nunca he buscado el amor, ni tendido redes para atraparlo, porque en lo más profundo de mí sabía que él, como un visitante tímido, llegaría cuando el tiempo y las estrellas lo dispusieran.

 

En la penumbra de mis pensamientos, he imaginado a esa singularidad que anhelo. No es un amor convencional, sino una rareza única, tejida con hilos de peculiaridades y exigencias poco comunes. ¿Qué quiero en ella? Tal vez la complicidad de almas afines, conversaciones profundas que trasciendan lo cotidiano, una pasión secreta que arda en la intimidad de la noche.

 

No sé si ella también me busca o si camina entre los sueños de otros, pero confío en que, cuando llegue el momento, nuestros corazones se reconocerán. No será un amor para multitudes, sino un pacto silencioso entre dos almas singulares que se comprenden en su soledad. Como Prometeo desafió a los dioses y robó el fuego del conocimiento, yo también desafío las convenciones y espero a esa criatura excepcional que comparta mi búsqueda.

 

Han pasado más de tres lustros en los que me he entregado al celibato y la castidad, consagrado a la soledad y la introspección. En ese tiempo, he aprendido a apreciar la calma que solo los brazos de la soledad pueden ofrecer, mientras aguardaba la llegada de mi singularidad perfecta. Pero, en todo este tiempo, nunca activamente busqué el amor; en el fondo, sabía que sería el destino quien lo trajera ante mí.

 

Cuando te conocí, todo en mí cambió. Mi corazón, que hasta entonces había permanecido en un letargo sereno, exultó de alegría. El placer que sentí al encontrarte sin buscarte fue tan extremo, que mi alma, acostumbrada a la calma, tocó el paroxismo de la felicidad. Había pasado tanto tiempo imaginándote, que cuando finalmente te vi, eras exactamente como te había soñado. Tus cualidades, esas mismas que había creído imposibles de encontrar, se manifestaron ante mí como una revelación.

 

Eres físicamente atractiva, de una belleza serena y proporcional que parece haber sido esculpida bajo los principios del número áureo, esa constante que define la perfección estética, como lo afirmaban Luca Pacioli y Leonardo Da Vinci. Tu largo cabello negro cae como una cascada nocturna, enmarcando un rostro de exquisita delicadeza. Los pliegues en tu frente, cuando frunces el ceño, te otorgan un aire reflexivo que embellece aún más tu mirada.

 

Tus ojos, faros de luz en la oscuridad, destellan con la sabiduría de las estrellas. Los anteojos que enmarcan tu mirada te otorgan un atractivo intelectual, irresistible para mí, mientras que tus juguetones hoyuelos, que emergen al sonreír, son la manifestación física de tu alegría interior. Tu nariz perfilada y tus labios delicadamente curvados evocan una dulzura clásica, como las dulces mieles de la Grecia antigua.

 

Tu cuerpo, en equilibrio perfecto, es una expresión de salud y proporción. Al caminar, el sutil cimbreo de tus caderas y la regularidad de tus pasos te confieren la gracia de una diosa olimpica, con líneas geométricas que resaltan tu esplendor. Pero lo que más me atrae de ti no es solo tu físico, sino tu esencia: la profundidad de tu carácter, tu ética moral y tu devoción por el conocimiento.

 

Además, has elegido vestir con elegancia, sin caer en lo vulgar o excesivo. Entiendes que el misterio es una virtud en un mundo donde el exhibicionismo es la norma, y eso sólo refuerza mi admiración por ti. En ti he encontrado una mujer que atesora la belleza de la mente tanto como la del cuerpo. Te maquillas con el polvo del conocimiento, lees con deleite, y cada palabra que sale de tu boca es una joya articulada con la más exquisita precisión.

 

Todo en ti, desde tus elecciones estéticas hasta tu carácter firme, ha despertado en mí una atracción imposible de ignorar. Pasé tanto tiempo imaginándote que, cuando finalmente te encontré, supe que el azar había jugado su mano de manera providencial. No fuiste una búsqueda consciente, pero sí fuiste el hallazgo más feliz de mi vida, una serendipia que llegó cuando menos la esperaba.

 

 

 

 

 

Epístola a Marsha: Reflexiones en el Crepúsculo.

 

 

En el crepúsculo, justo antes del amanecer, el cielo comienza a iluminarse lentamente, y la noche, en un profundo silencio, ensaya su despedida una vez más, como lo hizo la noche anterior. Este momento de transición entre la noche y el día, este punto de convergencia entre la oscuridad y la luz, este conticinio, me invita a contemplar la calma y serenidad del nuevo día, cuando mi intelecto alcanza una claridad mental inigualable.

 

Es en esta quietud, cuando el ruido de la humanidad duerme y el canto sonoro de la naturaleza aún permanece ausente, que mis pensamientos se alinean y se revelan con mayor nitidez. La filosofía del conticinio se convierte en un elixir mágico, una pócima irresistible; al beberlo, tus recuerdos llegan como vendavales, y con ellos, las musas de la inspiración.

 

El amor, en su forma más intensa, refleja nuestras aspiraciones más profundas. Como bien dijo el filósofo Søren Kierkegaard: 'El amor es el estado en el que la felicidad de otra persona es esencial para la tuya'. Sin embargo, cuando ese amor no es correspondido, la tristeza se convierte en compañera inevitable del recuerdo. A través de esta experiencia, he comprendido que amar desmesuradamente implica, a menudo, idealizar al ser amado. Este acto de idealización, en el que proyectamos nuestros deseos y esperanzas, puede llevar a la soledad, sobre todo cuando esa idealización no está en sintonía con la realidad.

 

Mi naturaleza peculiar me lleva a considerar la soledad como un refugio. Durante años, he elegido la soledad sobre las relaciones idílicas, convencido de que la paz y el sosiego son tesoros que sólo ella puede ofrecer. En este contexto, Friedrich Nietzsche nos recuerda que 'quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo'. La soledad se convirtió en mi porqué, una elección consciente, aunque cargada de melancolía.

 

Sin embargo, cuando te conocí, Marsha querida, transformaste y alteraste esta dinámica. Mi amor por ti fue tan intenso que desdibujó las fronteras de mi aislamiento. Al encontrarme enamorado, cuestioné la validez de mi decisión de permanecer solo, sintiendo que, por ti, podría arriesgarlo todo, incluso aquellas partes de mí que había protegido celosamente. Fue un impulso casi visceral, donde la calidez de los sentimientos que despertabas en mí anhelaba superar la frialdad que me había definido por tanto tiempo. Esta lucha interna evoca la obra de Camus, quien en El extranjero plantea la alienación del individuo en un mundo indiferente. Muchas veces, esa alienación es una elección de mi naturaleza introvertida, mientras que, en otras, es una imposición de una sociedad atrapada en el nihilismo.

 

Tu indiferencia, Marsha querida, la ausencia de tu amor, se convirtió en una fuente amarga, en un elixir acibarado de dolor. Séneca, en sus reflexiones sobre el desdén, menciona que 'el desdén es un veneno que se nutre de la indiferencia'. Así, tu desdén se alimentó vorazmente de mi dolor; tu indiferencia sació su hambre con mi sufrimiento. De este modo, cada recuerdo tuyo se convierte en un arma de doble filo, capaz de inspirar la creación artística mientras genera un profundo sufrimiento.

 

Sin embargo, trato de encontrar consuelo y redención en la escritura. Y es en el crepúsculo, en ese silencio que antecede al nuevo día, donde mis pensamientos fluyen y mis emociones se asientan, permitiéndome plasmar con palabras mi comprensión, meditativa y analítica, de cada dolor, cada tristeza, cada miedo, que encuentran su razón de ser en mi vida. La búsqueda de una vida plena y bien vivida conlleva inevitablemente una dosis de tristeza, que contrasta con la felicidad. La ira, en su forma más pura, puede impulsarnos a cultivar el autocontrol y a reflexionar sobre nuestras acciones. El miedo, lejos de ser un obstáculo, se convierte en una invitación a superar la cobardía y a enfrentarnos a nuestras vulnerabilidades.

 

Así, en este viaje hacia el autoconocimiento que he rescatado de las garras de tu desdén, cada emoción experimentada se ha convertido en un maestro implacable que me ha aleccionado con rigor. No obstante, este proceso de aceptación me permite llevarme mejor conmigo mismo, creando un puente entre el dolor y la belleza, entre la soledad y la conexión. En cada palabra que escribo, en cada reflexión que surge del silencio del crepúsculo y trae consigo tus recuerdos, encuentro un camino hacia la comprensión del porqué de tu desdén y de por qué mi corazón no te guarda animadversión.

 

Porque, a pesar de tu indiferencia, de tu desdén, de tu ausencia, Marsha querida, la melodía de tu voz suave, el brillo embelesador de tus bellos ojos, los trazos finamente curvados de tus labios, la agudeza de tu perspicacia y, sobre todo, el atractivo de tu personalidad, toda esa esencia perdura en mí como la luz que asoma en el horizonte, guiando mis pensamientos y mi escritura. Gran parte de mi escritura está dirigida a ti, y en cada una de ellas persigo la búsqueda de significado en el amor y la soledad; convirtiéndose así en la esencia de mi ser, donde cada palabra escrita es un testimonio de esa eterna búsqueda.

 

 

 

 

 

El Fénix y el Olvido: Renacer en las Cenizas del Amor.

 

 

Como el ave mitológica que muere y renace de sus propias cenizas, así he vuelto a la vida incontables veces. He muerto tantas veces como he sido herido por tus desdenes impíos, y en cada una de esas muertes, he dejado parte de mí en el camino. Porque cada desprecio tuyo fue un golpe devastador, y cada vez que mi alma se desintegraba, intentaba renacer, solo para descubrir que mi resurrección era siempre frágil e incompleta.

 

La vida, en su cruel ironía, me ha mostrado que no basta morir para olvidarte. El olvido no llega con la muerte; no es un regalo del fin, sino una evasión perpetua que nunca termina de consumarse. He muerto para huir de ti, y en cada nueva vida, he regresado con las mismas heridas abiertas. Para olvidar el sufrimiento que me has causado, me he destruido una y otra vez, en un ciclo interminable de autodestrucción y resurgimiento, buscando el consuelo de un olvido que siempre me elude.

 

Hay algo de ti que vive dentro de mí, un fragmento de tus recuerdos que se niega a perecer. Mi amor por ti, vasto e inconmensurable, se ha aferrado a mi ser, resistiendo el paso del tiempo y los intentos de borrarlo. Y, sin embargo, deseo con toda mi fuerza acabar con este dolor; deseo borrar cada rastro de ti en mi memoria, como si al hacerlo pudiera liberarme de la prisión de mi sufrimiento.

 

Para lograrlo, debo ser implacable, incluso cruel, conmigo mismo. Debo atacar todo lo que es débil en mí, todo lo que se aferra a tu recuerdo. Pero en esa batalla interna, temo perder algo más: mi bondad, mi compasión, esos vestigios de humanidad que permanecen tras tanto dolor. Ser cruel conmigo mismo significa también sacrificar esas partes de mí que, aunque frágiles, me han mantenido con vida. ¿Qué seré cuando todo termine? Un hombre endurecido, vacío, un cascarón que ha sacrificado su dulzura por la paz del olvido.

 

Quiero renacer de las cenizas que dejaste en mí, pero no como el mismo hombre que ha muerto tantas veces. Quiero resurgir como un ser nuevo, un hombre sin pasado, sin las cadenas de los recuerdos que me atan a ti. Y si para lograrlo debo ser implacable, entonces no tendré piedad, ni con los recuerdos, ni con mi amor por ti. Debo matar lo que quede de ti en mí, aunque eso signifique también matar una parte de mi propio ser.

 

El olvido es un asesino silencioso, pero no es tan sencillo como cerrar los ojos y dejar que todo desaparezca. Para borrar el amor que alguna vez fue inconmensurable, necesito destruirme. Y aunque el quinto mandamiento de Moisés advierte: “No matarás”, siento que esta es la única forma de liberarme de ti. No mataré a otro, pero debo asesinar las partes de mí que aún viven por ti. Cada fragmento de memoria, cada eco de tus palabras, debe ser arrancado sin piedad. Porque no busco solo olvidar, sino vivir una vida plena, libre del espectro de tu sombra.

 

No hay redención sin sacrificio, y si el precio de mi libertad es mi propia humanidad, entonces debo pagarlo. La vida es un ciclo interminable de muerte y renacimiento, y en este, el único propósito que me queda es aniquilar aquello que me atormenta. Mataré al amor, mataré al recuerdo, mataré al hombre que te amó, y en su lugar, espero encontrar a un hombre nuevo, renacido de las cenizas de lo que alguna vez fui.

 

Pero, ¿podré realmente renacer sin las cicatrices que dejó tu desdén en mi corazón? Esa es la pregunta que me atormenta. Porque tal vez, como la primera ley de la termodinámica nos enseña: la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma; así también el amor, al final, no se mata. Solo se transforma, se oculta en las sombras más profundas, esperando su oportunidad para renacer una vez más, como el Fénix, en un nuevo ciclo de sufrimiento y esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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